
La flaca trabajaba conmigo, alcanzó a estar un año, creo.
Costó contratarla porque buscaban a alguien realmente idóneo para un cargo tan importante.
La Jose es teóloga de la Católica, teóloga de las bakanes,
con honores y todo eso, con barreras superadas,
con argumentos sólidos, con camino recorrido.
Le tenía algo de susto cuando llegó, era como tan dominada en su ámbito, había viajado por la India sufriendo las penas negras de la miseria de Nueva Dheli, entre ratas y bichos pestilentes del Ganges,
pero la flaca se ganó todo mi cariño de una, todo mi cariño y mi admiración también.
La flaca es de ese tipo de gente que te dan ganas de tenerlas cómodas y contentas siempre, para que no se te vayan nunca del lado.
Sin embargo, por más linda que esta pega sea, es un apostolado, y un apostolado que por definición exige sacrificios que a veces superan la lógica.
Cuando uno tiene familia y raíz y responsabilidades, aperra, no queda otra,
y te bancas los sacrificios y rindes más del cien por ciento si es necesario.
Pero la flaca era un espíritu libre e inquieto y sin amarras, era del viento, igual que su marido, el Edo.
El Edo trabajaba en Sonda (tamaña empresa donde también tengo a algunos buenos amigos), buena pega, buen sueldo, en fin, tranquilidad.
Un día la Jose y el Edo decidieron partir, dejar atrás responsabilidades, escritorios, procesos teológicos, carpetas y marchar...
Y dejaron todo por seguir sus sueños, por volar, por perseguir a la vida.
Partieron juntos en pleno invierno santiaguino a conquistar los paraísos brasileños, a sacar fotos, a tentar negocios, a abrirse paso en la vida, sin maletas, sin raíces, sin más razones que sus sueños.
No es mucho lo que tengo que decir de ellos, han hecho oídos sordos a mucha crítica,
han sorteado obstáculos en un comienzo que no esperaban, y están dichosos, bronceados los muy malditos, disfrutando los atardeceres del Atlántico, la caipiriña y las arenas doradas de la América negra.
Dejaron todo para perseguir sus sueños y son felices, me consta que lo son.
Es una envidia del alma, de lo más profundo de mi ser, esa envidia que brota como cascada portentosa de no atreverse a imitarlos, de no poder dejar tirado el mundo entero detrás y partir a vivir lo soñado de una vez y por todas.
Claro que ahí tendría que empezar a enumerar que es lo soñado y cuando pienso...
en realidad la vida que tengo es lo que siempre soñé...y me consuelo.
Me das felicidad flaca, felicidad que estés contenta, alegría verte bien
(bueno, hoy vino a verme y por eso me inspiré).
Lo más probable es que si yo hubiese tenido tu tiempo, tu garra, tu marido (es una forma de decir),
tu resolución, tus ganas y tu entereza para partir así, de ese modo, ta valientemente...
Lo más probable...
Es que no lo hubiese hecho,
tenlo por seguro.