Mostrando las entradas con la etiqueta Nuestro Tema. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Nuestro Tema. Mostrar todas las entradas

lunes, mayo 26, 2008

Solo un poco de amor


Acá en iglesia (donde trabajo) hay un dicho que dice más o menos así:
"No se puede amar lo que no se ve"
Se refiere, claro está, al amor por Cristo y a mantenerse en cercanía porque es la única forma de amarle.
Que si uno se aleja el amor se marchita y muere.
Pero es así en todo orden de cosas, no solo en iglesia.
No te veo, No te amo.
Pues nada puede hacerme sentirte cerca.
Y al revés, de igual modo, cuando el amor se tiene en el día a día, en lo cercano y cotidiano se suele no mencionar a cada instante, a veces se siente que está de más redescubrirse en un "Te amo", en otras no hay para qué, pues todo en lo que se sostiene, toda su estructura ósea y blanda está hecha de la misma materia: amor puro y sólido.
Quizá por ello yo no suelo hablar de eso.
No es que no quiera escribir para ti.
No es que no pueda.
No es porque todo se haya dicho en tantos años,
sino porque me desbordo.

Digamos que me desbordo sola y sin planearlo,
como ahora cuando me atacan las letras si mayor aviso.
Digamos que el solo hecho de intentar verbalizarlo me vuelve espuma los huesos.
que cuando al fin me siento a escribirte el alma entera se bate en estragos de lágrima y gozo.
Digamos que el amor de mi pecho es más inmenso que todas las letras juntas y todos los versos de esta tierra de granito y de las que existen más allá del milagro y la magia.
Digamos que el sol no alcanza.
Digamos que el viento no cuenta .
Y decirte que te amo es poco e inconsistente, pues no caben las palabras en todo el ámbito del universo entero.
Pues la radiación de esta hecatombe es capaz de derribarlo y construirlo todo.
Quizá por esto es que no escribo mucho para ti.
Digamos que no lo hago porque no me interesa que nadie se entere que se me acabó el diccionario para construirte en versos.
Que no me alcanza la retórica para compaginarte mi amor en letras.
Pero a veces pasa, como ahora, que también resulta hilarte en frases,
y al pensarte se hace fácil.
Digamos que hay hombres para soñarlos... y otros para amar toda la vida.
Y a ti no solo he de amarte la vida entera sino que habitaste y habitas en todos los rincones de mis sueños.
Y he de cumplir todas las cadenas perpetuas que me atan a tu nombre, a este camino construido, a la aguerrida lucha de tenerte, a nuestro tema de empeños y quebrantos hasta morir en el peso concertado de los besos del único hombre al que amo y al único que amaré mi vida entera.

viernes, diciembre 01, 2006

Cuando Él escribe...


Dentro de la imaginería y el artificio que este mundo significa puedo decir que he encontrado muchos amores …amores de todo tipo, de buena y mala índole, de bellas y horribles letras, sultanes adorables y especimenes siniestros, me he divertido grandiosamente como parte de mi espíritu aventurero, de mi naturaleza ansiosa de letras nuevas y apasionantes investigaciones acerca del poder de la retórica.
He tenido el placer de leer letras cautivantes, pletóricas de perpetua y subyugante poesía, otras de magistral e inquietante factura donde el ingenio ha logrado superar mucho de lo que antes entendí como buena literatura.
He tenido la oportunidad de ser acariciada por verdaderos cantos de juglares asomados a mi balcón, rescatada por caballeros andantes de lustrosa armadura venidos quién sabe de qué tiempos remotos y arrancados de quién sabe cuántas páginas de cuentos.
He conocido el artilugio maravilloso de verdaderas máquinas del tiempo en las que me han transportado a los más infinitos lugares del cosmos y zeppelines extraordinarios que me han elevado para dejarme caer suavemente en praderas de las más tiernas y soporíferas flores.
Y lo he disfrutado…y lo sigo disfrutando puesto que la imaginación no tiene límites, ni los marca ni los restringe.
Reconozco que me he dejado llevar por prosas envolventes hasta sucumbir en los más deleznables pántanos y he sido rescatada hasta sentirme bañada en cascadas de perlas.
No puedo dejar mi naturaleza que no persigue ni más ni menos que el delicioso placer de leer y de escribir.
He evitado mezclar en ello mi vida real.
Sin embargo, no hay tropa de guerreros que me ate más fuertemente ni ejército de sombras que mejor me envenene que cuando él escribe.
Cuando él escribe...cuando abandona los pliegues certeros de su vida real, de su mundo de números e ingeniosos proyectos, de su rol de marido de miel para adentrarse en mi mundo y escribir.
Escribe poco como poco es su tiempo pero cuando lo hace no hay poción más maravillosa que la que puedo beber de la ambrosía de sus letras, no hay jugos más dulces que los que vierte sobre mis labios en deliciosa descripción de imágenes y sombras…
Es entonces cuando el candor de los caballeros andantes y de los juglares, de los hados y las aves siniestras, de los zeppelines y las magos rapsodas se diluyen en la vorágine de todas las hojarascas inventadas y el mundo se vuelve cierto y duradero, sonoro y real siempre adornado de la magia del delirante placer de sus escritos y sus letras, cuyo vicio divino y delicioso estoy segura... jamás habré de compartir.

jueves, junio 08, 2006

I Choose us


"La, la, la, la,
la, la, la, la, la,
means... I love you"
(Nicolas Cage, Family man)

I choose us
Me carga Nicolas Cage, porque Nicolas Cage es siempre Nicolas Cage en cada una de sus películas, siempre con esa cara de afligido ya sea en una de acción o en una romántica, pero Nicolas Cage es también como de esos placeres culpables, que aunque uno diga que no gustan igual los consume, igual he visto todas sus películas, igual algo tienen, igual me atrapan, "Hombre de familia"es una de ellas, la vi ya hace varios años (y la he visto muchas veces más) donde Cage es un magnate exitoso al que se le permite echar un vistazo a la vida que hubiese tenido si no hubiera viajado a estudiar al extranjero, si se hubiese quedado con el amor de su vida, si no se hubiese marchado dejándola atrás, en el pasado, en una vida que nunca iba a ser, sólo para ver que hubiera pasado si él hubiese optado por ello.
Y me encanta verla y reverla, porque al final (como solo era un vistazo) vuelve a su vida real, solitaria y llena de lujos.
Y me encanta verla porque yo hice exactamente lo contrario.

Me quedé.
“I choose us” le dice ella, la que hubiera sido su esposa.

Yo escojo lo nuestro.
I choose us.
La vez que escuché esa frase por primera vez fue como si las cortinas de mi mundo entero se hubiesen descorrido de una, fue la aprobación a toda mi lucha, a mi opción, fue la constatación de tantos años, de tanto tiempo, de tantas dudas... del:

¿Fue correcto? ¿La embarré? ¡Pero si era tan chica! ¿Y si no era el amor de mi vida?
Fue la certeza, el tapaboca a tantos que me dijeron: “No, tan joven jamás resulta, acuérdate, esos nunca duran mucho”
Pero se equivocaron.
Se equivocaron medio a medio y a veces me gusta mirarlos hacia atrás en el tiempo y hasta reírme un poco de ellos.
No me fui, no partí, no dirigí mi vida por esos vientos que se me venían presentando, y no lo hice porque de este lado de la cordillera estabas tú, tú floreciendo, tú y tus ojos bellos, tú y tu risa, tú y la promesa de muchos años juntos, tú y mi vida entera esperando, tú y el amor inmenso, tú parado en la mitad de mi vida, tú esperando que escogiera lo nuestro, tú.
Y escogí, no podía irme aunque el panorama de este lado se tornaba lleno de escollos, de durezas, de dolores, tan cuesta arriba...y no me fui.
Y no me equivoqué.
Tal vez sí hubiese tenido éxito, tal vez sí tendría más mundo y quien sabe cuantas historias por contar, pero no me arrepiento.
Y si, tal vez me queden un par de sueños inconclusos...escribir.. estudiar teatro...viajar...pero igual estoy feliz, porque hoy al igual que ayer y sin dudarlo ni un solo momento yo...yo escojo lo nuestro, siempre.

viernes, marzo 24, 2006

Certezas


"Nuestro tema de amor tiene quebranto
pero su empeño sana el dolor
Nuestro tema de amor nos cuenta tanto
que ya es un sueño y una canción..."
(Nuestro Tema, Silvio Rodríguez)


Me preguntaste si aún te amo
Y no contesté, guardé silencio condensando en un instante el siglo de inspiración que tengo para volcarte, procurando capturar en un solo suspiro los mil años que no caben tan solo en una respuesta ni en las dimensiones de mi corazón.

Me preguntaste si te amo mirandome clarividente y pétreo
como si en esa sola mirada que conservo desde mis recuerdos primeros
no esperaras la respuesta ni fraguaras una duda
en la coincidencia de mis ojos capturando los tuyos,
en el respiro contenido de la certidumbre más cierta
que todas las certezas de este incierto universo,
donde el cielo entero no cabe en el encuentro
de nuestras almas fundidas en los mil destellos descritos bajo tantas lunas y soles.

Me preguntas si te amo para validar todas las constancias antes decretadas,
para sellar a cada nuevo segundo la alianza que nos describieran nuestros antepasados
atandonos por las mismas libertades y por iguales cadenas
hasta beber en la muerte de la misma muerte.

Me preguntas si te amo y ya pasado el instante detenido en siglos
al fin respiro y me levanto
me acerco y te miro
y peino con mis dedos tus cabellos de miel
y tu pecho me llama con el aroma que me ha llamado tantas veces,
acogiéndome en el atento pensamiento de esquivar tantos males
diluyendo y descartando todos nuestros errores y desvaríos
y ya nada me importa más en este mundo que este instante donde residen nuestros sueños,
todas mis fortalezas y debilidades,
nuestros corazones amorosamente preservados,
me abrazas como cada día desde hace ya tantos años,
y como cada día desde hace ya tantos años suspiro al responderte:
"Con toda mi alma, como siempre".

miércoles, octubre 26, 2005

Dejo constancia


Dejo constancia de mi amor fuera de toda lógica
del avatar del destino que decidió hacernos uno
de nuestras utopías,
de tu genio irreverente,
de mi ángel que suspende
de nuestras mutuas nadas
y nuestros perfectos todos

Dejo constancia de mis fracasos,
de lo no superado, de tus besos
de mis sueños que transcribes en verdades,
de la loca magia que sentencio y que me lleva a volar
a veces tan lejos de tus brazos.
dejo constancia de los vicios,
de tus placeres y mis culpas

Dejo constancia de los años a tu lado,
de la aguerrida lucha de tenerte,
del estoico hallazgo de encontrarte y sujetarte
del dolor del puerto
y el misterio de tu risa
Del delito de soñarte,
de tus manos en mi pelo
de mis dedos en tu espalda.

Dejo constancia de nuestras diferencias,
de tus números y mis letras
de tus ecuaciones y mis cantos
de tus realidades y mis fantasías
de tu mente brillante, ingeniera de soles
de tus métodos, y mis artificios
de tus códigos y mis evangelios

Dejo constancia de necesitarte,
de no poder dormir cada noche
que no te tengo,
de tu alimento, gallardo,
que vierte en mi vientre
todo el milagro
del génesis
de no poder dejarte ni contemplarte.

Dejo constancia
Y decreto amarte
con simpleza y con furia
con mis terrores y tus paces
decreto amarte, tú sabes
para siempre...

viernes, octubre 14, 2005

La Casa del Castor: Parte final: "En estos días"


Dicen que las Casas abandonadas tienen algo de magia.
Me empecé a dar cuenta de esto en la época en que trabajé en Mundo Mágico.

No se trataba de un parque de diversiones con grandes lujos
y tenía mucho que envidiarle no solo a los grandes parques de atracciones del mundo sino también a los más pequeños.

En general estaba plagado de brazos púberes que entregaban el mejor esfuerzo de sus juventudes en sacar adelante con escasos recursos la alegría que brota natural en miles de niños.

Disfraces, rincones encantados, jardines gigantes, laberintos de espejos, magos, ciudades en miniatura llenaban de encanto este territorio que tenía vida propia en medio de la ciudad convulsionada.

Solo los que trabajamos allí veíamos como, apenas se iban los visitantes y asomaba el crepúsculo,
familias de conejos salían de sus madrigueras corriendo por las pequeñas colinas verdes,
y cómo, tal vez desorientadas por rumores de olas inventadas,
bandadas de gaviotas se precipitaban sobre ese mar celeste y artificial,
brindando un espectáculo de magia natural más allá de ensayos y juegos de artificio.

Creo que Algo de esa magia se me adhirió a los huesos y se me quedó plasmado en el alma,
o tal vez ya lo traía conmigo en carga genética, lo cierto es que de pronto
y como una revelación anunciada por largo tiempo transporté toda esa magia a esta casa,
y fue entonces cuando comenzó a convertirse, por segunda vez en su historia, en un territorio encantado.

Fue en la misma época en que me sumergí en Narnia y sus crónicas relatadas en siete capítulos
y me reconocí en la melena de Aslan y en los conjuros de los bosques invernales.
Fue en sus páginas donde se me relató la historia de un viejo castor que acoge en su casa pequeña
y llena de calor a los visitantes del mundo real que llegaron a correr peligro a estas tierras encantadas.

Fue cuando mi hermana, en la inocencia de su pequeños años, vio las semejanzas de la casa del Castor,
acogedora y pequeña con esta casa fresca y hospitalaria a la que el amor rescató del abandono
y del olvido para darle de nuevo un lugar en el mundo.
De este modo quedó bautizada como La Casa del Castor.

Hay que verla cuando por las tardes entra sin permiso por las ventanas el viento tibio de la primavera,
recorre los pasillos y contagia a las flores, se cuela por cada uno de los dormitorios trayendo
la esencia perfumada de los cerezos en flor, se enreda en el sonido de los móviles de caracolas
que cuelgan en los corredores, baja las escaleras y perfuma el comedor con los aromas que recogió del jardín,
de las rosas, y la albahaca, de la menta y el durazno.

Hay que verla por las noches de plenilunio como deja entrar los hilos de plata por el ventanal bañándolo todo en su etéreo brillo y deja ver el perfil de las cosas en suave penumbra.
Hay que sentir el calor que irradia en las noches de invierno, los aromas que expele de su cocina y la mesa lista y dispuesta con los mejores manjares para recibir a los visitantes que llegan.

Es de ese tipo de casas que acogerá generosa varias generaciones,
que verá nacimientos y partidas y no volverá a perderse en los recovecos del tiempo y la nostalgia.

Creo que es una casa con alma.
Forjada en años de amor, de historia y esfuerzo,
que regresó de la muerte porque no soportó su soledad.

Es donde me gusta estar.
Es también el nombre de mi blog.

Esta es mi Casa, es donde vivo, espero que les guste.
Siéntanse siempre Bienvenidos.
Ahora ya saben donde está.
Adelante.
Es la Casa del Castor.

jueves, octubre 13, 2005

La Casa del Castor 3ª parte: "La Reconstrucción"



Los amigos de siempre, los que ayudaron en la reconstrucción, nunca dejaron de visitarla, fue en la casa donde se organizaron las mejores fiestas al son de los ritmos de moda, las más importantes celebraciones y acontecimientos.

Un lugar de encuentro, donde vimos crecer a nuestros hijos y a los hijos de nuestros amigos.

Es en esta casa donde sorteamos difíciles momentos, alucinantes sesiones, sueños inverosímiles, alocadas novelerías
que han quedado de tal modo impresas en nuestras memorias que difícilmente algún signo del tiempo podrá resquebrajarlas.

Ya no quedaba nada de la vieja casa abandonada,
ni sus paredes estragadas, ni sus historias fabulosas, sin embargo,
y con el paso de los años, la primitiva reconstrucción fue cediendo a los humores del tiempo y las atmósferas,
los niños crecieron hasta transformarse en dos adolescentes impetuosos
y llenos de urgencias nuevas y soledades individuales.

La casa se tornó demasiado pequeña.

Fue así como cierto día nos decidimos a darle el zarpazo final a la faena de una construcción más sólida,
descomunal y definitiva.

Casi sin darnos cuenta, una mañana afiebrada de Enero la casa vio la llegada de los albañiles,
carpinteros, herradores y estucadores, y todo el ámbito se llenó de una algarabía caótica y desesperada.

Fue la primera vez en que me vi gozosa dando todo tipo de órdenes,
disponiendo de los espacios y los materiales, de los dineros y los tiempos.

Así fue despareciendo la precaria casita reconstruida de las cenizas en las manos
expertas de los obreros agobiados por el calor de Febrero,
en medio de aquella incomodidad y respirando el polvo de la arena y la humedad del estuco fresco.

Dispusimos volar el techo sin temores para dar paso a un segundo nivel en donde pudieran distribuirse sin ningún problema cuatro dormitorios, una sala de estar, un baño grande, y una oficina biblioteca.

En el primer piso quedó una cocina amplia, otro baño, un cómodo estar para los invitados,
un comedor grande y dispuesto para recibir a todos los que quisieran llegar,
sala para el lavado, una habitación para el taller de donde nacen los disfraces,
una tienda de disfraces y un jardín aromático con terraza donde conviven en perfecta armonía las flores y los árboles,
los arbustos y las hierbas, las aves y los insectos.

Y de este modo, cuando ya los calores del estío comenzaban a evaporarse la casa quedó terminada,
grande y definitiva.

Esto es reciente, aún habiendo terminado las obras más gruesas, la tarea de decorar, ambientar,
distribuir y llenar los espacios sigue pendiente y se va construyendo día a día con devota paciencia y el tiempo que resulta escaso .

Es agotador y gratificante.

El amor que se le confirió a tamaña empresa parece haberle dado un nuevo lugar en el mundo.

Es un sueño cumplido.

Que se sigue escribiendo...

miércoles, octubre 12, 2005

La Casa del Castor: 2ª parte: "El Renacer"





"Muchos años después,
cuando las urgencias de la responsabilidad conyugal
causaron estragos en nuestras jóvenes vidas recordamos
casi por casualidad la vieja casa abandonada que había sido cuna y cómplice de nuestras curiosidades sin asombros de la infancia.

Fue en la época en que empezamos a averiguar que tan ciertos fueron los mitos tejidos en torno suyo, y no fue menor nuestro asombro al enterarnos que la historia de la vieja loca tenía serias razones para formar parte de la realidad.

Se trataba, pues, de una vieja profesora que había pasado sus años mejores entre la soledad y la desilusión, entre la pena y el olvido y que un día, acongojada en parte por su propio mal vivir y la presión de los vecinos, partió a recorrer el mundo sin que se supiera más de ella .

Ya con dos hijos a cuestas, y alentados por nuestras férreas voluntades
y nuestros ímpetus juveniles nos embarcamos en la aguerrida empresa
de transformarla según el patrón de nuestros sueños en la fortaleza blindada
que acogería a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos.

De ahí que cruzar ríos tormentosos, levantar paredes inquebrantables y
recorrer regiones inexploradas se convirtieron en tareas fáciles
al lado de los obstáculos que habrían de venir por conquistarla.

Hasta que por fin, después de innumerables aflicciones y toda suerte de agobiantes empresas,
la casa fue nuestra.

Cierto día, y como si se tratase de una cuadrilla de los mejores obreros,
llegaron a nuestra puerta el grupo de amigos de toda la vida con toda suerte de herramientas y utensilios de construcción.

Se trataba de un grupo singular que vimos crecer junto a nosotros desde la más tierna infancia,
nuestros mejores amigos, los mejores amigos que uno pueda imaginar,
hombres y mujeres de fe y convicciones dispuestos a ponerse bajo nuestras órdenes
y convertir la casa abandonada en un lugar noble para vivir.

De este modo, con escaso presupuesto y rudimentarios conocimientos vimos caer murallas,
levantar suelos, raspar puertas, cablear cielos, acorazar techos, pintar rincones y plantar semillas.

Así fue como, casi sin darnos cuenta, las paredes fueron llenándose de colores que nunca antes conocieron,
sus ventanas brillaron en la reverberación del mediodía
y emergieron bosques de flores y árboles frutales, y el jardín se cubrió de helechos y palmeras.

La Casa quedó lista, pequeña, iluminada y bien distribuida.

No estaba arreglada con los mejores materiales, pero resultaba acogedora y cálida.

Hasta que una tibia tarde de Noviembre, contaminados de ansiedad y estimulados por el entusiasmo,
llegamos a habitarla y la Casa se llenó con la alegría de una nueva familia,
dejando atrás su pasado de olvido y abandono.

Los hijos todavía eran muy pequeños, apenas caminaban, por lo que no lograban dimensionar
(hasta los años actuales) la carga histórica y el portento doloroso que la casa arrastraba y así,
entre sus distraimientos y simplicidades la recorrieron trémulos para tomar posesión de cada rincón que ahora les pertenecía.

Frente a mi ventana crepuscular recojo el cansancio de la satisfacción y la dicha de tantas horas entregadas a las faenas de su primera reconstrucción.

Y recuerdo con alegría mis primeros años en La Casa del Castor.

martes, octubre 11, 2005

La Casa del Castor: 1ª parte: “El Hallazgo”


(La historia que voy a contar es una historia verdadera,
nació del caminar bajo las estrellas y está adornada con la magia
que proveen las letras que derrama su humilde creadora.

Reconozco que nunca me ha gustado mucho leer en los blogs historias por episodios, porque no sé si podré continuarlas al día siguiente, o si me acordaré de regresar a recoger los fragmentos restantes.

Pero esta historia siento que se las debía, es la historia de La Casa del Castor, y como es un poco larga la he separado en cuatro partes de manera que pueda ser digerida con algo de calma y ojalá un poco de cariño. Para ustedes)

I.- El Hallazgo

“En los años en que todavía no se le conocía por este nombre,
La Casa del Castor era una casa abandonada,
como las casas abandonadas de los cuentos,
llena de vegetación salvaje que nadie controló por años
y con un sinnúmero de leyendas tejidas en torno suyo.

De niña solía explorarla con mis amigos.
Embullados con la aventura, husmeábamos sigilosos todos sus recovecos,
sus paredes carcomidas por el inexorable paso del tiempo,
soplando el polvo acumulado en los años de abandono, respirábamos su aire enrarecido,
su clima prehistórico, sorteando a veces los regueros de desperdicios y las cenizas humeantes de algún visitante fortuito de alguna noche anterior.

La oíamos crujir durante toda la exploración, porque crujía entera, el techo parecía a punto de desplomarse por la presión de las lluvias, colgaban de las ventanas las piltrafas escuálidas de antiguos cortinajes y las puertas al abrirse, raspaban los desniveles del suelo dejando oír sus quejidos lúgubres.

En cada rincón brotaban, soberanas, enormes extensiones de musgo tierno y las arañas huían despavoridas a sus escondrijos tras ser despertadas de súbito de sus largos recogimientos.

Las paredes temblaban al ritmo de nuestros pasos pavorosos y cada rincón nos ofrecía un mundo de sortilegios ansiosos de ser descifrados.

La Casa parecía ocupar un ámbito propio, un espacio de soledad y olvido, apartado de la ciudad, de las épocas y del desmesurado bullicio del mundo.

El mito urbano contaba que había vivido ahí una vieja loca, que gustaba del siniestro hábito de cocinar gatos y perros y colgar gallinas en las ventanas y que un día desapareció intempestivamente sin dejar el menor rastro .

A la luz de los hechos conocidos, era natural sentir el pavor al recorrer sus rincones, sin embargo,
el poder implacable de la curiosidad, el espíritu voluntarioso de los expedicionarios,
la vehemencia por conocer el otro lado de las cosas hacía imposible abatir los ánimos.

En el vasto universo de nuestra imaginación la soñábamos mágica,
guarida de filibusteros y hechiceros, de contrabandistas y mercachifles,
de dragones y emperadores y después de largas horas de seducción ante la complicidad del juego,
no percibíamos el paso del tiempo y regresábamos a nuestras casas ya muy entrada la noche sucios de aventuras y extenuados ante la desmesura de la ensoñación.

Por las noches, en la serenidad que otorgan los sueños,
desde el cansancio y la satisfacción de la aventura,
registraba cada detalle de la travesía y contaba cada hora antes que llegara el momento para volver día tras día al portentoso territorio que encantaba mi infancia.

Muchos años después, desde la paz de mi teclado,
vuelvo a recordar esos años prodigiosos y me vuelvo a hundir en el ensueño
del remoto día en que la encontré, de los incontables momentos impregnados de magia y de la inocente fortaleza de la amistad y los juegos.

Y vuelvo a sentir, una vez más, la fascinación eterna de su hallazgo.

Y lo plasmo en estas líneas.

Es así como empieza la historia de La casa del Castor

martes, septiembre 13, 2005

Shimoda


Conocí a Shimoda en el Verano de 1987, cuando apenas tenía 16 años, no recuerdo bien como llegó a mis manos, pero recuerdo con claridad que ha sido uno de los maestros que han guiado mi vida.
Y me estuve acordando cuando fue el momento en que empecé a ser felíz, porque no he sido siempre felíz, cuando era chica lo pasé muy bien, me entraba tarde a la casa, transpirando y con la cara sucia de tanto jugar, y mi mamá me salía persiguiendo para cachetearme cuando hacía alguna maldad, y a veces lograba agarrarme de alguno de los chapes si es que no alcanzaba a treparme rápidamente al árbol y quedarme ahí largo rato esperando a ver que el sol se pusiera en la montaña.
Lo pasé muy bien en esos años. Supongo que esos fueron los años en que comencé a entretejer los hilos de mi vida, a decorarla de Ilusiones, a llenarla de magia, a moldearla a mi gusto y elección.
Esos años en que arriba del árbol guardaba todos mis escritos porque ahí era donde dejaba fluir mi genio interior y desbordarlo en ideas, imágenes, hechos.
Fueron esos años en que conocí los libros que marcaron mi vida, que delinearon mi personalidad.
Porque yo era El Principito que bajó delas estrellas porque discutió con su flor y solo en la tierra descubrió que ella era única en el mundo.
Porque yo era Melquíades que atravesaba la ciénaga con los últimos inventos de los sabios de todas las regiones para despertar la curiosidad de José Arcadio.
Porque yo era la que soñaba con ser Amaranta Ursula, la MamaGrande que se quebraba el espinazo en el cultivo de sus propios frutos.
Porque yo era el Segismundo que se cuestionaba el delito de nacer y que entendió que esta vida es solo un sueño.
Porque yo era la potra de nácar, la mozuela que un gitano se llevó al río y la desbordó de pasión.
Entonces conocí a Shimoda.
Y ya no se trataba de esa magia de campanita, de renos, de elfos, de dríades, se trataba de esa magia que emerge del corazón.
Y entendí que se podía ser realmente felíz cuando uno se lo proponía.
Porque la felicidad no depende de otros.
Ya estoy cansada de leer tanta desazón, a tanto individuo sin norte, tantas almas desconsoladas.
Hoy recordé a mi mesías, y estas son las líneas que él me dejó:


1. Vino al mundo un Maestro,
nacido en la tierra santa de Indiana,
criado en las colinas místicas situadas al este de Fort Wayne.

(Ilusiones, Richard Bach)

martes, septiembre 06, 2005

"Veinte años no es nada"


Hoy caí en cuenta: Aún no he escrito para ti.
Hay una razón:
Y es que me he dejado llevar por la corriente literaria que se mueve fuerte en tanto universo de blogs, y sucumbo con frecuencia a esa lectura atrapante que consume el tiempo.
Tengo otra razón, por ahí alguien me dijo: “Tengo la cagada en el alma”, y hay que ver como le fluye la pluma a esta alma desgarrada. Hay que ver cómo la leen, como vuelca sus sentimientos y como atrapa lectores.
Mi fin primero fue escribir para mí, pero cómo se tienta el ego al saber todo lo que se puede transmitir, si gustas o no, si te leen o no.
Aún no te explico mi razón: ¿Cómo se describe la felicidad cuando ya forma parte de la vida? ¿Cómo se habla del amor cuando se tiene a raudales?¿Cómo se expresa un alma que no está desgarrada, que vive en paz, que no le fluyen las emociones con la potencia que da el dolor? ¿Cómo se habla del amor desde la paz que te dan tantos años de felicidad? Por ahí va la cosa, por ahí va un poco mi explicación.
La pena, el abandono, los cambios, los recuerdos, las emociones, las tentaciones, son grandes aliados a la hora de trazar líneas.
Tontamente a veces quisiera estar más expuesta a estos desgarros con el solo fin de que fluya con más potencia el hechizo de la pluma. Pero ya encontraré el método.
Hoy traté de recordar (y la verdad no me cuesta tanto) esa tarde helada y ya remota en que te ví por primera vez, recordé los ojos fijos con que me miraste, el vuelco que dio mi corazón con la fascinación de tu hallazgo, y ese escalofrío extraño de cuando uno ve, como en un espejo, el reflejo intacto de una vida entera, de nuestra historia, todo coexistiendo en un solo instante, vi en tus ojos los dolores de los atardeceres en el puerto sin dejarnos perturbar por ninguna de las tentaciones del mundo, las nostalgias más tenaces, los tiempos tumultuosos de peñas y barricadas en el fragor de las batallas clandestinas, vi el anuncio de un niño fuerte y bello que se gestó en el fervor de una playa crepuscular, vi como creció y se hizo un adolescente macizo en el inequívoco amor en que ha sido envuelto, encontré en tus ojos el nacimiento de su hermano, su extraña sabiduría, vi sus progresos impacientes, sus tenacidades de muchacho grande, vi todas las trincheras tormentosas, las murallas abrumadoras, los obstáculos imperturbables y vi también cómo los sorteábamos y salíamos airosos, vi la Casa del Castor, nuestra casa, vi como la recogímos de los escombros del olvido y la tejimos entre sueños hasta convertirla en la fortaleza dorada que hoy nos cobija, vi nuestra vida juntos en cuerpo y alma, la vi ese día en tus ojos, con nitidez, tal cual como ha sido hasta ahora. Tan felíz.
Eso vi.
Y hoy, en los días actuales, en que pareciera que la paz que da la rutina pudiera jugar en contra de cualquiera menos de nosotros, sigo sumergiéndome en el abismo de tu mirada para intentar desentrañar en su lucidez la premonición perfecta de nuestra vida futura, y escudriño en ellos, desde hoy y hasta el instante mágico y preciso de nuestros últimos suspiros.