
Era como un mito urbano,
la historia de este gordito medio gangster que tocaba el bandoneón en una tanguería del centro, en el Santiago de los años 30.
El Che listado se llamaba en realidad Juan Silva y estaba medio emparentado con don Víctor Domingo Silva, el connotado escritor y con Mario Silva Leiva, el tristemente célebre “Cabro Carrera”, de los dos era algo así como primo en algún grado relativamente lejano.
En una de las pocas fotos que se conservan de él se le puede ver muy a gusto levantando copas con Don Pedro Sienna, su amigo del alma y pionero del cine chileno (escribió, dirigió y protagonizó "El húsar de la muerte")
Le llamaban Che listado por su apariencia de galán argentino, por su peinado a la gomina, por su elegancia a toda prueba, por su talento con el bandoneón y por su peculiar vestimenta, solía llevar un terno a rayas muy común en los caballeros de la bohemia santiaguina de aquellos años.
Era un truhán y un conquistador, encantaba a las damas más refinadas con su galantería hasta que lograba hacerlas caer rendidas a sus pies para luego abandonarlas a su suerte por otra más bella.
Cuentan que siempre se salía con la suya, que una vez acosó tanto a una joven hermosa y delicada, y que al verse despreciado por ella, tras estériles esfuerzos de galantería, regalos y flores, un día cualquiera la raptó para hacerla suya.
Claro está que no tardó también en abandonarla para correr nuevamente tras faldas más frescas y jóvenes que pudieran seguir alimentando su ego y su fama de galán bonaerense.
Era un truhán también porque participó en numerosas estafas y varias páginas de matutinos de la época se llenaron de su foto en primera plana ofreciendo suculentas recompensas con la clara idea de encontrar a este rufián encantador y astuto.
El che listado hizo una pequeña fortuna a punta de estafas y mala vida.
A tal punto lleno sus arcas, que logró montar finos restoranes con magníficas lámparas de cristal y escaleras de mármol, un centenar de empleados, cocineros y garzones.
Y allí, entre sus empleados la encontró a ella, tan bella, tenía unos ojos de un verdor intenso, la piel muy blanca y tersa, era tan hermosa como inalcanzable...y veinte años menor.
Así y todo se dio a la conquista, pero ella que conocía su fama de tunante no se dejó sorprender.
Tan insoportable se hizo su sostenido desprecio, que este gordo bribón ocupando sus mejores tretas y galanterías más viles no descansó hasta hacerla suya. Luego de algún tiempo la joven y hermosa mujer le dio dos hijos.
El Che listado llegó a ser dueño de grandes negocios donde el jolgorio y la parranda eran pan de cada día, mujeres a granel, alcohol y mucha fiesta, noches de tango y bandoneón, de Piazzola, de Gardel, de los grandes, llenaban sus días y sus noches.
Cuentan que de esta vida licenciosa ni el gran Che listado pudo salir bien parado, y el destino no tardo en pasarle la cuenta.
Se dice que cierto día su bella princesa se cansó de él y lo abandonó bajo la complicidad de la madrugada, mientras dormía la mona después de una de tantas noches de juerga, dejando atrás las constantes amenazas de muerte con que solía dominarla y a las que ella jamás se acostumbró.
Como era de esperarse, luego de un tiempo sus negocios zozobraron, su fortuna se fue extinguiendo como el humo de tantos cigarros bohemios y el Che listado sucumbió a la pena del abandono y el desamor, perdió su encanto trasandino y el brillo de su pelo engominado.
La noche interminable se hizo en la vida de este rufián y sus dedos otrora hábiles entonaron los últimos y más tristes acordes de su viejo bandoneón.
Un amanecer de un miércoles lo encontraron muerto por allá por los años 60, en una pieza de algún cité olvidado del barrio Franklin. Su corazón no aguantó más tanto desenfreno.
El más recordado conquistador de las noches de tango del Santiago bohemio dejaba este mundo sin fortuna, sin fama y sin su musa.
Cuentan que su corazón jamás pudo con la pérdida de ese amor, de ese maldito amor sostenido a la fuerza y que nunca le fue correspondido. Y así fue como terminaron sus días de gloria.
No alcancé a conocer al Che listado en persona, ya había muerto hacía varios años cuando yo nací, pero sin embargo mi mamá siempre nos contaba su historia y nuestras vidas se llenaron de las imágenes de su leyenda.
Mi mamá, que junto a su hermano fueron la única herencia que quedó en este mundo de ese amor infortunado.
El Che listado era mi abuelo materno al que nunca conocí, Don Juan Silva, creo que hubiéramos sido grandes compinches, no me cabe la menor duda...
Esta historia la escribimos a dos manos con mi hermana Carmen Gloria, un año menor que yo.
Ella llenó algunos párrafos que yo desconocía y yo aporté coloreando con algo de magia en algunos vacíos que la historia dejaba.
Es la primera vez que lo recordamos así, tan claramente, era casi un tema medio prohibido...o tal vez ni eso, tal vez solo desconocido, lejano y medio olvidado en los archivos del tiempo y la nostalgia.
Hoy lo desempolvamos y rescatamos para reconciliarnos con su recuerdo, para decirle que igual nos habría gustado conocerlo, que ojalá haya encontrado la paz en algún lugar, muy lejos claro de nuestra amada abuela, que aún vive y a la que todavía le brillan los ojos con ese mismo verdor de la juventud...
Ella aún vive y es muy felíz .
Hoy con la Gloria le sacudimos un poco su terno a rayas,
le engominamos de nuevo el pelo, le llenamos su copa
y le encendimos un cigarrillo, le pusimos su bandoneón en las rodillas
para escuchar su último tango,
y dejarlo plasmado... en estas líneas”