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jueves, abril 02, 2009

Julieta Bruna


Me gusta el aroma de tu nombre Julieta Bruna, me gusta saber que escondida en un rincón te preparas para saltar a este mundo de colores y de temperaturas a las que no estás acostumbrada.

Te esperan tantas cosas bellas Julieta Bruna, hermosos respirares, eternidades de anillo, enigmas, asombros, inexorables travesías, presencias, otoños, instantes azules...

Desde ya te adelanto cuanto me gusta tu nombre, tu nombre que me sabe a princesas almendradas, tu nombre de rizos rubios (como los de tu linda madre) tu nombre de balcones de arándano y frutas frescas, tu nombre de novela...Julieta.

No puedo dejar de pensarte sobre una colina verde rodando hasta abajo de la mano de la palomilla Paloma Beatriz , parándose luego entre sollozos con las rodillas igualmente verdes y los pelos enredados de ramas.
Porque serás princesa Julieta Bruna, princesa de amaneceres rojos caminando por la vida.
Compañera de viaje comentando colores de batallas lejanas.

Princesa con el olor de la vainilla y las moras.
Porque tu aroma será ese.
Y capaz que hasta los niños te persigan en el colegio en los recreos porque les dará hambre.
Puede ser. Es posible.
A mí me llegan rumores de ciertas hadas que frecuento.
A mi me cuentan del sortilegio de tu nombre,
me avisan del destello de tu piel doradita,
de la magia que se enconde entre las esquinas deshilachadas de las nubes.

Ya se prepara tu llegada Julieta Bruna, por estos días ya comienza el movimiento de tu arribo,
de las pocas semanas que te quedan para desempolvar tus maletas y asentarte en ese nido de olores dulces.
¿Sabías que te espera un gatito negro?
Personalmente no me hace mucha gracia, pero ahi está, instalado en tu ventana como si su esencia de felino adivinara el momento exacto del eco de tu llanto y de tu risa.

Te esperamos contentos Julieta Bruna ...
para verte pequeña
para acunarte dormida
para vigilarte el pulso
para adorarte el aire
para arreglarte la almohada
para bordar tu historia
para inventarte princesa
para soñarte eterna
y para acumular las leyendas que nos hablarán eternamente de tu nombre... Julieta.


Tu tía castora.

miércoles, junio 11, 2008

Magnífica

(1958)

Te imagino en otras épocas, en tus épocas divertidas, las de los sones del mambo y del cha cha cha habanero, ese que te gustaba tanto y que aún puedo escuchar de vez en cuando en los ecos sonoros de tus paredes viejas.Te recuerdo imaginándote, resplandeciente y bella como cuando los caballeros engominados se disputaban tu encanto entonando los versos de tus ojos verdes y tus cabellos dorados de dama germana, el mismo que hoy brilla en su blancura resistiendo estoico el rigor del tiempo.

Te recuerdo entre las flores de tu terraza cantando arias de amor en el crepúsculo del tiempo, imagino el destello triunfal de tu sonrisa y el corazón alborotado por la nostalgia de tus regiones ancestrales.Te imagino estremeciendo al mundo con el aliento mágico de tu belleza y los encantos de tus costumbres sin mácula por donde el tiempo se había olvidado de pasar hasta muchos años más tarde.
Tendría que haberte visto en el Santiago de nuestras nostalgias, tendría que haber sentido tu miedo cuando el resto del mundo se desmoronaba en la guerra y haberte visto llorar el aroma de mil historias de continentes viejos para entender el presente.

Hay que verte hoy día, te conservas espléndida, magnífica como la luz de diamante de otros tiempos, con tu caminar de ángel sin alas en los albores de la vejez, con la misma belleza de antaño dibujada en el aura y tus sigilosos pasos de luna moviéndose suave al ritmo del viejo mambo.

Así te conservo en mi mente, así te dibujan mis letras, así te tomo las manos ya cansadas de tantas épocas, de tanto resistir al tiempo, de tanto ganarle a las penas. Así te busco la mirada, en el verde vidrioso de tus dulces ojitos de siempre.Y así prefiero llamarte: Magnífica!. Como te llamaban antes cuando deslumbrabas de belleza evanescente, prefiero llamarte Magnífica, magnífica para siempre ya que nunca te pude llamar abuela.

miércoles, mayo 16, 2007

Hijo de la luna


Ayer esperé la micro mucho rato, mucho, demasiado, tanto que me pasé de frío como dicen las viejas y me entumí tanto que me tomó mucho trabajo recobrar la temperatura al llegar a casa.
(Odio el Transantiago, pero ese no es el motivo de este post y además no me quiero empezar a descomponer el genio), hasta un poco de fiebre me dio así que apenas llegue cerca de las 8 me metí a la cama con la estufa prendida y una sonrisa grande en la cara porque tenía un juego nuevo para compartir con el Gonza.
Había pasado varios días mirando graffittis en el recorrido de cada día de ida y vuelta a casa y hay algunos tan ingeniosos que merecen ser recordados y anotados.
Como el recorrido es largo siempre me entretengo en cualquier cosa, contando perros, poniéndole nota a los hombres, pensando a qué animal se parece cada persona que se sube a la micro, a veces (las más) también leo, casi siempre ando escribiendo y tomando notas de cualquier ocurrencia, pero hace ya algún tiempo que me había dedicado al ejercicio de anotar graffittis y la dirección donde se encontraban.
Para qué. Que tontera.
Yo me río, cualquier mortal serio supongo que se espantará de estas tonteras, yo me río.
Y me río porque sé que puedo compartirlas con el Gonza. Siempre con el Gonza y solo con el Gonza.
Ayer en medio de mi hielo él llegó casi como cada día a mi casa del castor (la mía, la de verdad), y yo no sé si casi por milagro o por que ya había entrado en calor todo se volvió tibio, salté de la cama y comencé a sentirme de nuevo muy bien.
El Gonza es como un solcito en mi vida, es mi hermano menor, él dice que es un Tonto grave pero yo creo que no tiene nada ni de lo uno ni menos de lo otro.
Cuando él vino al mundo fue como si toda la vida se pusiera de colores diferentes, como en los cuentos, cuando las flores crecen a gran velocidad a la vista de todos y la olla que está al final del arcoiris de verdad existiera y sus monedas fuesen de verdad muy brillantes.
Yo tenía 11 años cuando él nació y muchas muchas ganas de tener un hermanito.
Y aparece en mi casa, como si nada, aparece como aparecen los ángeles, o como dicen que se aparecen los ángeles, así como bajando de una luz, y los ojos le brillan atrás de sus lentes y la risa se me sale sola.
Aparece cuando me duele la espalda y me tira al suelo y me hace sonar entera y me alivia o me hace unos masajes que hasta ganas de llorar me dan.
Aparece cuando tengo frío y me prepara un té y me cuenta mil tonteras que siempre me hacen reír.
Aparece y se me va la fiebre y el frío y la pena y los dolores y todo gira en torno a la risa, a las bromas, a los juegos tontos.
Como anoche, por ejemplo que se le ocurrió un juego:
"Todos los caminos conducen a Brad Pitt", lo bautizamos.
Y consistía en pensar un actor.
Tom Hanks, por ejemplo.
Ok, Tom Hanks actuó con Michael Clarke Duncan en Milagros Inesperados
Michael Clarke Duncan actuó com Mark Wahlberg en El planeta de los simios
Mark Wahlberg actuó con Matt Damon en Los Infiltrados
Y Matt Damon actuó en La Gran estafa con ¡Brad Pitt!
Y así por muchas horas hasta cansarnos y convencernos que efectivamente todos los caminos conducen a Brad Pitt (o a quien sea, en rigor, uno inventa a su gusto)
Son tonteras, tonteras dulces e instantes que al fin de los días pesan en el recuento de los detalles y las alegrías.
Yo no sé si todo el mundo tenga su propio Tontograve que le llene el corazón, sea quien sea y venga de donde venga, el mío al menos, siempre está cerca y casi siempre para compartirme la magia, la suya, la mía, que gracias a Dios al menos uno de mis 4 hermanos salió con esa dosis de locura mía. Un tontograve venido directo del cielo, colmado de sueños, nacido de la luna para contarme que la vida es dulce cuando podemos reirnos de tantas tonteras, tonteras que hablan de risas, de graffittis callejeros (Gonza...dime... En qué pared dice:.....) y otra vez nos matamos de la risa), del intercambio de los sabores cotidianos, esos que llenan momentos y quedarán grabados con luz de ángel, con ojos de Brad Pitt, con lentes de Tontograve, a fuego y carcajadas para siempre en la memoria de mi corazón.

jueves, enero 18, 2007

Todas las hojas son del viento

En el camino al trabajo esta mañana venía sonando esta canción de Spinetta en la radio, me acordé de los Enanitos Verdes, del recuento de sus vidas, de los recuerdos, de mi vida a toda velocidad y al oír su letra con atención mientras el sol salía por la cordillera supe que hoy por primera vez en mi vida al fin puedo respirar en paz.
No puedo explicar bien con palabras lo que mi primer hijo ha significado para mi en este mundo, no puedo describir a quienes no pueden mirarme a los ojos como me he estremecido cuando le he visto dar cada paso, no puedo explicar ese caudal de emociones aquella madrugada de Octubre sola y llena de terrores en medio de una fría sala de hospital a los 17 años para verlo llegar al mundo, sostenerlo temblorosa entre mis brazos y saber desde ese segundo y para siempre que mi vida entera no tendría jamás otro norte que luchar duramente para hacerle felíz aún sabiendo que no me pertenece, que no es mío ni lo será jamás como no lo es ningún hijo de sus padres porque solo vino a través de mis venas para dejarse mecer en el viento como tantas miles de hojas que nacen y mueren cada día.
Su primer diente, su primer paso, sus primeros palotes en el colegio, su primer llanto de amor, sus primeros logros, cada momento único e irrepetible, la suma de mis nervios y mis emociones, de mi orgullo ante sus avances y de mi terror indescriptible cada día de perderlo. Y ante todo la ambición natural de que alcance aquellas metas a las que yo jamás logré (o he logrado) llegar.
Han pasado 18 años y mi hijo ha entrado a la Universidad y sabía que solo llegando este instante al fin podría volver a pensar en mi, que solo en este minuto de la vida podría recién soltarle de mis brazos para verlo dar sus primeros pasos solo.
Creo que lo he conseguido y con los ojos en lágrimas me atrevo al fin a dejarlo caminar soltado de mi mano y regresar a mi centro para aventurar mi mundo, detenerme al fin, disfrutar de la vida más lentamente, saborear cada instante, repasar mis días, continuar la tarea ahora con su hermano menor que huele tan delicioso y que con sus besitos olorosos me llena el espíritu cada día, poder dejarme caer en los brazos de su padre que me acoge y me acuna en la ternura de tantos años juntos y poder llorar de emoción en este Enero de luces y calores, de agobios y recompensas, de apuestas y ganancias para no hacer más nada por hoy que detenerme frente a la ventana y sonreír al ver las hojas que el viento jamás se cansará de mecer.

lunes, enero 08, 2007

Cariño Botado...(y encontrado)


Mi abuelo murió mucho antes de que yo naciera por tanto casi no forma parte de mi historia.
Fue otro nombre el que escuché toda mi vida, el que llegó a ser el gran amor de su vida, y el que se perdió más tarde por esos avatares del destino en los mil recovecos del tiempo y la nostalgia y que la distancia finalmente había terminado por borrar.
Carlos Condesa era su nombre. El galán de todos los tiempos, aquel hombre que muchos años después de su viudez vino a ocupar el corazón de mi abuela y me tuvo entre sus brazos cuando yo era solo un bebé.
¿Cómo encontrarlo Don Carlos? ¿Cómo hallarlo cuando ya el tiempo ha pasado implacable, cuando ya los recuerdos se disuelven en la penumbra de los tiempos, cuando no hay datos suyos, ni indicios, ni historias... tan solo han quedado unas cuantas fotos viejas en un albúm de cartón.
Cómo darle a mi abuela el regalo de su hallazgo en las víspera de sus Ochenta años sin que las fuerzas y los estragos de la falta de tiempo nos dejen sin aliento.
Pero vivimos de la magia y creemos que cada día viene cargado de ella así como creemos en el milagro de lo no posible y en la vulnerabilidad de lo no probable.
Y partimos.
Los datos eran mínimos, un par de propiedades, algunos números y un sector en Los Andes alejado de toda consideración y de un nombre tan mítico como revelador: "Cariño Botado".
Los Andes tiene algo de Macondo, bañado por el calor soporífero de la media tarde sus calles largas están cercadas por grandes álamos que se encuentran en las copas formando un túnel natural que tramo a tramo va dejando entrar los rayos del sol, casitas de adobe a los costados del camino y lugareños amables que en la travesía nos iban inflando el corazón ante un presagio de grandes maravillas.
"Cariño Botado" se empina en la ladera de un cerro entre intrincados caminos de tierra y matorrales. Ahí, en medio de una calle angosta orillada por un riachuelo de aguas torrentosas hallamos al fin la casa con el número que llevábamos anotado en el papel.
Cuando la magia del día se vuelve el acontecimiento más maravillosamente imprevisto y cuando el esfuerzo de largo tiempo de capitulaciones se remonta a un modesto lugar en los faldeos de nuestra precordillera en un pueblito alejado del conocimiento de los hombres y los placeres de la civilización, entonces no duele permitir que los ojos lloren, que la emoción se atragante en la garganta y que cada conversación que surja brote entre risas nerviosas y el gozo de una misión cumplida.
El lugar parecía detenido en el tiempo entre paltos y gatos flojos de media tarde, entre árboles cargados de frutas y el ladrido de muchos perros que salieron a nuestro encuentro.
Y los ojos de aquel hombre aún en su postrada ancianidad eran los mismos de los de aquel galán repartido en muchas fotos que colgaban de la pared.
Vaya uno a saber que pensamientos pasaron por su cabeza que apenas sostenía algunos recuerdos, qué destellos de luz le volvieron a la mente al ver seguramente en los ojos de sus dos nietas los ojos de aquella belleza rubia que tantos años atrás le miró con el corazón cargado de amor.
Le dejamos después de un largo rato entre besos y abrazos con la promesa de llevarla con nosotros la vez siguiente y emprendimos el viaje de regreso sonriendo en la dicha de la media tarde dejando atrás la magia ardiente de aquel pueblo que en la tarde de ayer Domingo 7 de Enero nos regaló un milagro.

martes, noviembre 28, 2006

No voy a volver a sonreír...


De eso estoy segura. El día que parta se me va a borrar la sonrisa para siempre.
No voy a volver a sonreír porque de su alegría se han forjado mis años mejores.
No me interesa lo que haya hecho antes de que yo naciera porque desde que yo nací nació ella también para mi.
Y ahora, mucho antes de que parta, ya extraño el aroma de su ropa y el taconeo de sus zapatos, ya necesito su andar cortito, su tacto amoroso y sus bailoteos de mambo habanero al ritmo del ronroneo de su gato, extraño ya desde mucho antes los cuentos de mi infancia adornada de caracolas de mar, la historia de las gaviotas que me enseñó a mirar y el aplauso sonoro de sus alegrías al compás de mis primeros logros.

No voy a volver a sonreír pues solo con mi pena podré tasar la medida de su ausencia y el cantar que me hará falta, porque ya me pesa la garganta de tantas lágrimas que está juntando, porque me duele con anticipación la carencia del toque de sus manos de árbol y el perfume de tanta vida que ya lleva cargando. Sé que debo prepararme pero no sé como haré para volver a sonreír
Sé que le gusta estar sola porque siempre ha sido así su tránsito, midiendo el tiempo, templando el alma, caminando de puntillas para alegrarnos las horas malas, esas en los que solo ella estaba para sostenernos, en las que silbaba de lejos para que saliéramos a su encuentro, trayéndonos sorpresas, cariño, tiempo.

Dios, no quiero ni pensarlo, cómo devolver el tiempo, cómo conseguir que no sean 80 sino 50...40...20...y sé que pudiendo tantas cosas eso es algo que no puedo.
Sé que seguirá pasando el tiempo en su inminente embestida, que no habrá nada que pueda hacer más que intentar enriquecerme en el dolor, recordar con cariño, besar sus cosas para no dejarla jamás escaparse de mi alma y en un rincón sumergida en lo más profundo de mi pena me sentaré a pensar en ella el día en que no volveré a sonreír.

sábado, agosto 19, 2006

Le petit prince

La noticia del cambio de guaguas en Talca me dejó medio con el corazón alborotado, la sangre en un hilo y el ánimo mal dispuesto.
Hay noticias terribles todos los días, mucho por qué sufrir y caldear el genio, sin embargo, cuando una de ellas involucra tanto el afecto me queda como un nudo raro en la garganta que me dura mucho tiempo y me cuesta desatar, es como un nudo del alma y del corazón juntos.
Nuestras peores pesadillas siempre están relacionadas con la muerte, pero sin duda alguna, las peores de todas siempre se relacionan con los hijos, como perderlos. Perderlos con la muerte debe ser devastador, pero perderlos en vida supone también un dolor difícil de imaginar.
Cuando mi pequeño príncipe nació yo tenía 17 años, guagua con guagua me decían, y cuando lo vi la primera vez mi primer sentimiento fue de devolverlo, cambiárselo a alguien, salir corriendo...era feíto como el diablo, en nada parecido a los rasgos de mi familia (todos blancos y rubios), sin embargo, pasados solamente dos minutos comencé a observarlo con paciencia y resignación, con la certeza de que era ése mi bebé y no otro, de que tendría que apechugar no más con la guaguita quie había traído al mundo, comencé a observar milímetro a milímetro su pequeña piel, a contarle sus dedos, a darle un besito, el primer besito, que difícil..., a tocarlo, las patitas, el pelo, las orejitas, y supe apenas dos minutos después de nuestro primer encuentro que ese botón morenito era completa y absolutamente mío, que tenía al fin mis labios y en su maraña de pelos descubrí también mis eternos rizos, el mismo pelo crespo.
Supe en ese minuto que nada en el mundo nos separaría jamás, que entre él y yo había un vínculo eterno e indestructible y que jamás nadie en el mundo entero podría jamás separarme de su pequeña piel morenita y brillante...igual que su papá.

Por eso me dolió saber que en Talca, un día cualquiera le dijeron a una mamá, después de 11 meses de nacido, que hubo un "lamentable error", que su hijo no era suyo sino de otra, que habría que hacer pruebas, que se castigaría a los culpables, que lo lamentaban, que los hijos debían ser cambiados nuevamente y regresar a sus familias de origen...
¿Lamentable? ¿Doloroso ¿Insólito? Nadie sino ellos mismo saben cuan lamentable, cuan doloroso y cuan insólito este espanto terrible puede llegar a ser.
Mi principito está a punto de cumplir 18 años y cada vez que lo miro lo veo como en ese primer momento cuando lo llevé a mi pecho por primera vez y se agarró como un imán a beber de su leche, cuando supe que era mío desde ese día y para siempre, aunque se vaya un día y me cristalice el alma, cuando parta con sus propias alas, seguramente muy pronto a cumplir sus sueños con el mismo amor con el que ha sido siempre criado...porque en eso anda por estos días, sentado en esa ventana de su sala planificando su futuro brillante, mirando su mañana, edificando sueños, a punto de terminar el colegio, de entrar a la universidad y de seguro lo logrará.
Siempre agradezco a Dios que las enfermeras me hayan mirado ese día con ternura y no me hubieran hecho caso cuando les dije en un puchero sollozante que mi guaguita no me gustaba, que era feíto, que mi mamá se iba a enojar cuando lo viera, que mi papá quería una guaguita rubia...y ellas solo sonrieron, me miraron como la niña pequeña que todavía era, me acariciaron la cabeza, me acomodaron a mi bebito al pecho para enseñarme a amamantarlo y sonriendo me dijeron: "Míralo bien mamita, es tu hijo... y es un hermoso Principito".


miércoles, agosto 09, 2006

Band of Brothers


Como una cofradía, algo así como más que una hermandad es lo que somos junto a estos cuatro, ya ni me acuerdo cuando nos tomamos esta foto, seguramente la tomó el Gonzalo porque es el único que no aparece allí, además fue tomada con un celular que seguramente era el de él.
Y no me acuerdo cuando la tomaron porque fotos como éstas nos hemos tomado en miles de ocasiones, de hecho cada vez que nos juntamos tratamos de posar juntos.

Soy la mayor de los cuatro y la única que no usa anteojos, siempre les digo que fui hecha con los mejores materiales...pero hay algo que nos une más allá del amor de hermanos, de la historia compartida o de la infancia felíz, es lo que llaman la fuerza de la sangre. Y hay que ver comotira la nuestra.

Cuando nos juntamos todos somos como de esas bombas atómicas que cuando caen mandan así como una onda expansiva en donde todo lo que nos rodea deja de existir...las parejas, las vidas de cada uno y hasta los hijos, hablamos entre todos el mismo idioma, nos reímos de las mismas cosas, nos miramos y nos entendemos, siempre e inmediatamente.

Claro que cada uno tiene su preferido, el Gonza se lleva mejor con la Valen (obvio, son los más chicos) yo con la Gloria, (obvio, somos las más grandes) el Fernando con la Gloria, el Gonzalo conmigo, la Valen con el Fernando y así...

Nunca he entendido mucho a esos hermanos que hablan mal unos de otros, que se pelean por una estupidez y no se hablan en meses e incluso en años...yo no podría, si me llego a enojar con uno de ellos la siguiente vez que lo veo ya he olvidado el enojo, y estoy segura que a ellos les pasa igual.

Se dice que se escribe mejor desde lo tormentoso...supongo que algo de eso me está pasando, ando hace semanas como con una alegría atragantada en el cogote que me tiene en un estado de felicidad sostenida, algo así como si me hubiera sacado de encima uno de los pesos más grandes que me había tocado cargar sobre los hombros. Lo podría asimilar a cuando a uno se le ha muerto un perro que ha estado enfermo por largo tiempo y su muerte es al fin, aunque algo triste, la más enorme tranquilidad que se puede sentir.

Algo así siento, una alegría apretada en la garganta, un alivio y gozo que me sobrepasa y el que quisiera sostener durante largo tiempo. Por eso tal vez que tampoco estoy muy inspirada para escribir desde las entrañas, tal vez si estoy siguiendo bien los consejos del flaco..

Y bueno, nada, he andado así como en un período de mucho trabajo también en el que no he podido parar a sentarme a escribir en relativa paz, y como nunca les había dedicado un post a estos cuatro, heme aquí escribiendo para ellos, para los que los conocen y para los que no, para los que me conocen a mí y sepan un poquito cuanto los quiero y me hacen falta, que sin ellos, sin sus anteojos y sus pecas me cuesta estar, me cuesta estar sin sus risas, sin sus tallas pesadas e ironías, me cuesta estar sin sus caras alegres, sin su cariño de hermanos.

Que no podría ser felíz sin el cariño de mi Gonza, el más dulce Tontograve que he conocido en mi vida, el que comparte mi magia y se maravilla con mis tonteras simples, ingenioso, bueno del alma, creativo, y el más osado genio de la familia, capaz de abandonarlo todo por una carrera llena de luz, aún contra las burlas, los prejuicios y las adversidades creo que va a ser el más devoto educador de párvulos que haya conocido, entregado a la magia de sus duendes eternos y de su amor infinito por sus parvulitos...

Que no podría vivir sin mi Glo, mi chica Cosmopolitan, tan regia y llena de alegría, la única persona en el mundo capaz de reír el día entero con mis payasadas y contagiarme de esa alegría suya y de esa sabiduría espontánea que estoy segura ni ella misma sabe que tiene, la Glo, te enterarás por este medio y no por otro que si me pidieran toda mi sangre para ti te la daría felíz.

Que mis días no serían los mismos si no hubiera nacido el Valoncito, la Valen, la última luz de la cofradía, mi Señorita cara dePizza, hermosa como ninguna, fuerte como nadie, inteligente, estoy segura que de todos es y será la única capaz de hacer llegar sus sueños hasta donde nadie lo ha conseguido, que no podría estar sin sus letras, sus visiones interesantes, sus comentarios acertados, que me sostiene como si fuera yo la menor y no ella.

Y tampoco podría estar sin mi Cerro, el Toninito, el Fernando, que fue durante tantos años el hermanito menor (hasta que llegaron los otros dos), que se forjó solo y bueno...él es especial y lo sabe. También me duele cuando tiende a desaparecer, cuando se recoge a sus rincones y nunca pide ayuda, y hace como que no nos necesita pero en el fondo sabe y nosotros sabemos, y él sabe que nosotros sabemos, que no podemos estar ni estaremos nunca jamás lo suficientemente lejos.

My Brothers, mis compipas, mi banda , mi hermandad, los Soto de Chile, cuánto hemos pasado y seguiremos pasando juntos, y espero en Dios, durante mucho, mucho tiempo más.

viernes, mayo 05, 2006

Me dio pena

Me dio pena ese día verlo en esa casa sola y fría y de techos tan altos y tan antiguos.

Me dio pena verla despertando de su siesta de sábado por la tarde, con la semana de trabajo entera sobre la espalda y acompañada solo del gato a sus pies ahora sola en esa casa que conoció tantas risas y tantos llantos.

Me dio pena verlo enfermo, luchando apenas con la enfermedad infame que casi lo llevó al otro lado, habiendo malgastado los mejores años de su vida, de nuestras vidas.

Me dio pena escucharla contando sus aventuras nuevas, esas de segunda soltería, de amistades recientes, de historias que no pertenecen a Mi historia, que son nuevas, que no son más que sueños tejidos con la lana del comienzo de su otoño.

Me dio pena que me ofreciera frutas, uvas, peras, una taza de té, la escultura de fierro del Quijote que acorazaba su mesa pequeña, me dio pena porque a estas alturas a él ya no le queda más nada que ofrecerme.

Me dio pena verla sirviéndome una taza de café hasta la mitad porque ya no le quedaba más azúcar.

Me dio pena verlo solo, viejo, flaco y silencioso cuando en otros tiempos eran sus cantos, sus poemas y sus gritos los que llenaban toda la casa.

Me dio pena verla sola, cansada, sonriendo triste y sin plata.

Me dio pena recordarlos juntos, sus besos, los paseos en familia, las tardes de Sábado junto al televisor frente los cantos y concursos de Don Francisco, las navidades, los cumpleaños, la casa llena, los niños corriendo, el perro ladrando, los gatos tras la comida, la bulla, las risas...tantas cosas...
porque recordar los momentos malos me dan aún más pena.

Me dio pena la vida que no tendrán más juntos, el daño inmenso que se causaron, que nos causaron, la vejez que comienza y que no compartirán.

Me dio pena constatar lo fácil que se pueden tirar por la borda años de felicidad, los sueños de una familia entera, un hogar, una descendencia, trizar ideales, cambiar un futuro.

Me dio pena esa tarde porque estaba gris y hacía frío y así no era mi vida, así nunca lo fue cuando los tuve juntos.

Me dio pena ese Sábado, mucha pena.

domingo, abril 02, 2006

Saldrás de ésta, te lo aseguro

"Grave" dijo la Adriana al teléfono.
Grave, esa fue la palabra que usó.
Claro que me da miedo, como no me va a dar y se me subió la sangre a la cabeza devolviéndome el dolor que hace un rato sentía tan fuerte y que apenas se me estaba empezando a pasar con el tapsin caliente que me tomé para ver si se detiene a este resfriado de mierda que no me deja ni respirar.
Grave, me dijo y como que me dio más fiebre todavía y más me dolió el cuerpo y más me lloraron los ojos.
"Pancreatitis y complicándose" remató después como para ir complementando la información.
Y me habló seco y cortante como cuando entregan el informe de carreteras, como dueña absoluta de la información.
Y mientras buscaba el lápiz y el papel para anotar el número de teléfono del hospital y del piso de la sala me retumbaba en la cabeza la frase esa.
Mentira, no puede estar grave, mi papá es un toro, una máquina, ha salido de otras peores, y de esta va a salir, pronto, ya lo verás Claudita, ya lo verás como se para luego, como se para igual de rápido que todas las veces anteriores, la vez que lo operaron del corazón o del estómago o la vez esa que chocó con el poste frente al metro Pajaritos y casi se mató y ya ves, casi un mes le tomó reponerse y qué pasó, se recuperó.
Dale Clau de qué diablos te preocupas...
Claro está que tenía hartos años menos, harto carrete menos, y harta fuerza más, pero da como igual no?
Hierba mala nunca muere diría mi abuelita y le creo, mi papá es de esas hierbas malas que no mueren, que tienen como ángeles que igual los cuidan, que no se caracterizan por las cosas buenas que han hecho en la vida pero que ahí están, parados, firmes, duros.
Grave dijo. La palabra no se me sale de la cabeza, y es en estos momentos donde la balanza de las cosas malas empieza a perder peso.
Grave. No puede ser. Ya a estas alturas de mi vida no juzgo ni condeno.
Igual me alegra que esté la Adriana para acompañarle en estos momentos, mi mamá no tendría las fuerzas.
Voy por otro Tapsin porque el dolor de cabeza se extiende al cuerpo, a la garganta, al corazón, y ya no me importa tanto esta gripe que no me las va a ganar, ahora tengo mucho miedo.
Grave dijo.
No le creo. No me puedes hacer esto ahora.
Vas a ver como sales de esta , como siempre, como antes.
Te lo aseguro.
No puede ser tan grave.

lunes, marzo 20, 2006

Valoncito...


"In the meantime we try
Try to forget that nothing lasts forever
No big deal so give us all a feel
Funny how it all falls away..."
("Help the aged", Pulp)


No estés triste.
Bajo cualquier circunstancia son siempre una bendición.
De hecho si en algo me fallaste fue en que siempre dijimos que lo íbamos a tener juntas y te anduviste apurando algunos meses, porque yo (entre nosotras) debo decirte que ya estoy medio decidida, seguramente este año, digamos por ahí por Octubre, cuando se me termine el plan del gimnasio y deje de ir sin cargos de conciencia, igual son solo unos meses y si ambas fueran niñitas ni te explico el jolgorio que tendríamos en La casa del castor.
Seguramente será igual a ti, tendrá el pelito muy crespo y rubio y los cachetitos rosados...
Pero qué pasa?
Si estamos todos contentos...y yo soy una de las más.
No llores por lo que no fue ni por esa vida llena de horizontes que tejías en tus letras o en tus miles de sueños, esa no merece lágrimas y no las merece porque te acompañó hasta ahora mostrándote el camino y como cada paso nuevo debes dejarla partir porque ya no quiso quedarse, porque esto es apenas la apertura de otros caminos aún más llenos de dicha.
De qué vergüenza me hablas?
Culpas dices?
Mirarnos las caras?
Si somos los mismos de siempre, acaso con una mejor sonrisa dibujada, acaso ahora con el corazón más henchido, acaso con el tejado más cristalino que todos los seres humanos, como cualquiera que ha cometido errores.
Y ya estamos viejos aunque nos creamos jóvenes, ya nuestra marcha va en plena carrera, ya nos hemos parado y caído y vuelto a parar tantas veces, nos tienes, a tus hermanos mayores, los Soto de Chile, los que nos hemos forjado a fuego, los que aperramos, los que nos limpiamos la mugre de las rodillas cuando nos hemos sacado la cresta una y otra vez, los que te acunamos cuando fuiste la última bendición que llegó a nuestra familia...
Vamos, anda a lavarte un poco esa carita de muñeca de porcelana, arreglate los rulos que te anduviste despeinando, tomate tu leche y tus vitaminas que lo queremos sanito, arregla el bolso con los cuadernos y parte sonriendo a la U que ya te queda tan repoco...
Aquí estaremos nosotros, como siempre, como cada día, dispuesto siempre el corazón para toda nueva vida.
Te adoro Valen,
mi señorita Cara de Pizza.

lunes, enero 09, 2006

¡Qué par de tipos!...



"El uno y el otro"

Nunca he escrito sobre ellos, pero aquí va...
Conocí a este par de bribones hace ya bastante tiempo,
a uno por allá por el año 88,
al otro un año y medio más tarde, en el 90.

Uno me conoció curioso, algo lejano, tenía unos profundos ojos oscuros, una mirada diáfana y un cabello moreno y rizado que le brillaba ante el primer haz de luz que le iluminaba.

El otro se me apareció un Abril, a comienzos del otoño, era una mañana fría cuando se asomó para saludarme contento, y no paraba de mirarme con unos ojazos inmensos como si me hubiera conocido desde siempre.

El uno resultó tener un corazón de oro, con una fortaleza humilde que le hacía robarse el alma de todos cuanto le conocían.

El otro resultó ser más corajudo, voluntarioso y terco y se imponía arrogante ante cualquier intento de ser doblegado.

En esos años el uno ya se adivinaba un tipo grandioso, de tenacidad implacable, de solidaridad desmedida, obediente y sincero.

Mientras el otro se presagiaba brillante, de un genio insolente y espíritu desafiante, capaz de urdir grandes ideas a punta de un ingenio a toda prueba.

El uno se hizo grande con el impulso y fortaleza física de los mejores ejemplares de su familia y se alzó en el tiempo, hermoso y bronceado y con un talante impresionante sobre el género femenino.

El otro algo más soñador pronto descubrió en las letras el universo fragante donde poder volcar el alma.

El uno tiene las ideas claras porque tiene la mente y el corazón clavados en un norte.

El otro es más disperso, disfruta de la simpleza y se encanta con las certezas del mundo.

El uno tiene el alma más grande que el océano.
El otro el espíritu más fuerte que el abrazo del mar.

Sé que llegado el momento de su partida
el uno me destrozará el alma
y el otro me cristalizará la vida...
porque el uno son mis ojos,
y el otro es mi corazón.

Y tanto el uno como el otro son mi vida entera,
mi alma y mi corazón juntos y fundidos,
mi cielo y mi horizonte,
mi amor y mi infinito,
mi principio y mi final,
el uno y el otro,
los Bachos,
mis hijos.

lunes, diciembre 12, 2005

La más hermosa de todas



Hace tiempo que ya no le digo cuanto la quiero, claro, si ya llevo la mitad de mi vida viviendo lejos de sus brazos.
Siempre fue tan blanquita y redonda, y su piel era suave como la de una muñeca de porcelana, todavía lo es aunque haya cruzado hace tan poco la barrera del medio siglo.
La conocí cuando ella tenía 25 años, es decir, es el primer recuerdo que tengo de ella, la primera noción de su vida a mi lado, obvio que la conozco desde que nací.


Y uno de los primeros recuerdos que tengo es verla vestida de viejito pascuero en el balcón del jardín infantil de Pío Nono, la escogieron porque era gordita y blanquita, y me dio mucha rabia porque todos los niñitos la reconocieron.

La recuerdo cargándonos a los tres en las mañanas de invierno tratando de subir a duras penas a la Centro Pudahuel La granja, que era celeste y grande y nos sentaba al fondo de la micro, arriba del motor donde estaba calentito y podíamos seguir durmiendo hasta llegar al jardín en Providencia.

La recuerdo con sus manos enrojecidas lavando a mano en invierno y verano, las mismas manos con que amasaba pan, un pancito rechoncho y humeante que ponía en la mesa con tanto cariño.
La recuerdo con sus vestidos floreados volviendo del trabajo (porque la ví trabajar toda la vida) y sus bolsas cargadas de sorpresas y cosas ricas.
La recuerdo armando el arbolito de pascua, forrando cajitas de fósforos para colgarlas y picando porotitos verdes para la cena de Nochebuena.
La recuerdo encerando en cuatro patas con el tarro de Nugget amarrilla en las manos.
La recuerdo persiguiéndome para sacarme la cresta cuando le pegaba a mis hermanos chicos o me mandaba alguna cagada, a veces me alcanzaba a agarrar del moño, otras no porque trepaba a mi árbol a toda velocidad y con el corazón palpitando.

Y también la recuerdo sufriendo injustamente porque siempre se las batió sola, porque siempre tuvo claro que a los hijos hay que sacarlos adelante con trabajo y no con sueños de poeta incomprendido, porque la pasó mal, muy mal, hasta que tuvo las agallas suficientes para romper con esa vida desgraciada y seguir adelante sola, al fin y al cabo, como siempre lo había hecho.
La recuerdo llorando, llorando mucho, llorando impotente, llorando agredida...

Siempre supe que su vida fue muy dura, que su papá murió cuando ella era muy niña y que la crió una madrastra tierna que también tuvo la dura tarea de criar seis hijos más y que murió de un prematuro cáncer dejándolos huérfanos a todos.
He pasado con ella por todas las etapas que pasa una hija, elevándola a los altares más altos de la idolatría en mi primera infancia, confrontándola abiertamente en la adolescencia, juzgándola duramente en mis primeros años de madre, comprendiéndola más tarde y ahora he vuelto a adorarla como nunca debí dejar de hacerlo, como antes, y como siempre, porque tal vez nunca dejé de adorarla..

Jamás me ha fallado, siempre ha estado cuando más la he necesitado, siendo capaz de restringirse en lo propio por dármelo a mí, nunca me ha sacado nada en cara, siempre alegrándose de mis logros aun cuando he superado con creces lo ella misma consiguió.
Hoy la veo tan bien, tan dichosa por la vida, con sus energías recuperadas y su belleza intacta, con su identidad a flor de piel, sin nadie que la aminore ni le empobrezca el alma, ni la trate mal, ni saque su peor lado, la veo radiante disfrutando de sus hijos y sus nietos, la veo felíz como nunca antes la ví, como siempre debió serlo.

Yo la amo demasiado, porque sé cuanto ha sufrido y no solo por eso, la amo con toda mi alma porque es mi mamita, porque sigue trabajando como cada día, por que nunca descansa, por que sigue bella como siempre, blanquita y redonda, porque es querida por todos, porque es de verdad dulce y buena, porque ha sido siempre y seguirá siendo hasta la muerte, la mejor y la más hermosa de todas.

lunes, noviembre 21, 2005

"El Che Listado"


Era como un mito urbano,
la historia de este gordito medio gangster que tocaba el bandoneón en una tanguería del centro, en el Santiago de los años 30.

El Che listado se llamaba en realidad Juan Silva y estaba medio emparentado con don Víctor Domingo Silva, el connotado escritor y con Mario Silva Leiva, el tristemente célebre “Cabro Carrera”, de los dos era algo así como primo en algún grado relativamente lejano.
En una de las pocas fotos que se conservan de él se le puede ver muy a gusto levantando copas con Don Pedro Sienna, su amigo del alma y pionero del cine chileno (escribió, dirigió y protagonizó "El húsar de la muerte")

Le llamaban Che listado por su apariencia de galán argentino, por su peinado a la gomina, por su elegancia a toda prueba, por su talento con el bandoneón y por su peculiar vestimenta, solía llevar un terno a rayas muy común en los caballeros de la bohemia santiaguina de aquellos años.

Era un truhán y un conquistador, encantaba a las damas más refinadas con su galantería hasta que lograba hacerlas caer rendidas a sus pies para luego abandonarlas a su suerte por otra más bella.
Cuentan que siempre se salía con la suya, que una vez acosó tanto a una joven hermosa y delicada, y que al verse despreciado por ella, tras estériles esfuerzos de galantería, regalos y flores, un día cualquiera la raptó para hacerla suya.
Claro está que no tardó también en abandonarla para correr nuevamente tras faldas más frescas y jóvenes que pudieran seguir alimentando su ego y su fama de galán bonaerense.

Era un truhán también porque participó en numerosas estafas y varias páginas de matutinos de la época se llenaron de su foto en primera plana ofreciendo suculentas recompensas con la clara idea de encontrar a este rufián encantador y astuto.
El che listado hizo una pequeña fortuna a punta de estafas y mala vida.
A tal punto lleno sus arcas, que logró montar finos restoranes con magníficas lámparas de cristal y escaleras de mármol, un centenar de empleados, cocineros y garzones.
Y allí, entre sus empleados la encontró a ella, tan bella, tenía unos ojos de un verdor intenso, la piel muy blanca y tersa, era tan hermosa como inalcanzable...y veinte años menor.

Así y todo se dio a la conquista, pero ella que conocía su fama de tunante no se dejó sorprender.
Tan insoportable se hizo su sostenido desprecio, que este gordo bribón ocupando sus mejores tretas y galanterías más viles no descansó hasta hacerla suya. Luego de algún tiempo la joven y hermosa mujer le dio dos hijos.

El Che listado llegó a ser dueño de grandes negocios donde el jolgorio y la parranda eran pan de cada día, mujeres a granel, alcohol y mucha fiesta, noches de tango y bandoneón, de Piazzola, de Gardel, de los grandes, llenaban sus días y sus noches.
Cuentan que de esta vida licenciosa ni el gran Che listado pudo salir bien parado, y el destino no tardo en pasarle la cuenta.
Se dice que cierto día su bella princesa se cansó de él y lo abandonó bajo la complicidad de la madrugada, mientras dormía la mona después de una de tantas noches de juerga, dejando atrás las constantes amenazas de muerte con que solía dominarla y a las que ella jamás se acostumbró.

Como era de esperarse, luego de un tiempo sus negocios zozobraron, su fortuna se fue extinguiendo como el humo de tantos cigarros bohemios y el Che listado sucumbió a la pena del abandono y el desamor, perdió su encanto trasandino y el brillo de su pelo engominado.
La noche interminable se hizo en la vida de este rufián y sus dedos otrora hábiles entonaron los últimos y más tristes acordes de su viejo bandoneón.

Un amanecer de un miércoles lo encontraron muerto por allá por los años 60, en una pieza de algún cité olvidado del barrio Franklin. Su corazón no aguantó más tanto desenfreno.
El más recordado conquistador de las noches de tango del Santiago bohemio dejaba este mundo sin fortuna, sin fama y sin su musa.
Cuentan que su corazón jamás pudo con la pérdida de ese amor, de ese maldito amor sostenido a la fuerza y que nunca le fue correspondido. Y así fue como terminaron sus días de gloria.

No alcancé a conocer al Che listado en persona, ya había muerto hacía varios años cuando yo nací, pero sin embargo mi mamá siempre nos contaba su historia y nuestras vidas se llenaron de las imágenes de su leyenda.
Mi mamá, que junto a su hermano fueron la única herencia que quedó en este mundo de ese amor infortunado.
El Che listado era mi abuelo materno al que nunca conocí, Don Juan Silva, creo que hubiéramos sido grandes compinches, no me cabe la menor duda...

Esta historia la escribimos a dos manos con mi hermana Carmen Gloria, un año menor que yo.
Ella llenó algunos párrafos que yo desconocía y yo aporté coloreando con algo de magia en algunos vacíos que la historia dejaba.
Es la primera vez que lo recordamos así, tan claramente, era casi un tema medio prohibido...o tal vez ni eso, tal vez solo desconocido, lejano y medio olvidado en los archivos del tiempo y la nostalgia.

Hoy lo desempolvamos y rescatamos para reconciliarnos con su recuerdo, para decirle que igual nos habría gustado conocerlo, que ojalá haya encontrado la paz en algún lugar, muy lejos claro de nuestra amada abuela, que aún vive y a la que todavía le brillan los ojos con ese mismo verdor de la juventud...
Ella aún vive y es muy felíz .

Hoy con la Gloria le sacudimos un poco su terno a rayas,
le engominamos de nuevo el pelo, le llenamos su copa
y le encendimos un cigarrillo, le pusimos su bandoneón en las rodillas
para escuchar su último tango,
y dejarlo plasmado... en estas líneas”

jueves, agosto 25, 2005

"El Panchulocu"


Recuerdo que era la estrella del "Show de Ernesto Caramelo" y que disfrutaba las performances de Rafaella Carrá cuando a duras penas entre las dos lo levantábamos por los aires tratando de contener la risa.
Lo recuerdo en su foto de primero básico, transpirando y con la corbata chueca.
Y en los piques que se pegaba a Apoquindo los Sábados por la mañana para aprender computación, tan animado en poner en práctica la escueta información teórica que recopilaba de los Icaritos.
Lo recuerdo camino al colegio con su buzo azul marino con rayas a los lados que en ese tiempo se compraban en cualquier lado y que ahora están de última moda.
O tocando en una tocata con sus eternos amigos aquellas melodías de Soda y los Beatles secundado por un séquito de nacientes fans.
Lo recuerdo en Los Bochincheros cuando concursó tocando la tuba y se ganó ese rompecabezas de Superman con miles de piezas que nunca pudimos armar.
Lo recuerdo amarrando cajas en el Súper y atendendiendo el puesto en el Persa para ganarse sus primeras monedas, para comprarse sus cancioneros o los posters con que tapizaba la pared.
Lo recuerdo con su partidura al medio recién bañadito y listito para acostarse apenas terminara el Japenning.
Lo recuerdo luchando por abrirse paso en esta vida y lo recuerdo también lográndolo. Y lo extraño.
Pero hoy, hoy solo lo imagino.
Lo imagino en su depto del Centro con todo lo conseguido, sus títulos, sus diplomas, sus tremendo equipos de sonido.
Lo imagino mirando el celular que le suena y apagándolo cuando ve que es alguien de nosotros.
Lo imagino al tanto de lo último en tecnología. Leyendo tal vez el diario financiero, sentado en su sillón de gerente .
Lo imagino con sus dolores, sus recuerdos, sus penas y su soledad.
Lo imagino en las calles de la plaza Ñuñoa, en el cinearte, o escuchando sus últimos Cds de los mejores bajistas.
Lo imagino los fines de Semana, cuando le toca salir con el Nunón llévandolo a los juegos de la Plaza Brasil.
Y de nuevo lo extraño.
Porque quisiera tenerlo más cerca, como antes, como cuando eramos chicos y eramos solo tres y jugábamos todo el día.
Un vez se nos ocurrió decirle que no existía y nos matamos de la risa, le dijimos que no existía en todo el sentido de la palabra, ni si identidad ni sus estudios ni su estado civil. A lo mejor tan buenos fueron los argumentos que se lo creyó. Y a lo mejor tanto se lo creyó que empezó a practicarlo. Y era solo una talla.
Era rico tener un hermano chico y decirlo en el colegio: "mi hermano chico..." Hoy ya no sé bien que decir, no solo porque me dejó hace ya tiempo 30 centímetros más abajo, no solo porque logró una mejor profesión que la mía (por lo que lo de "chico" le puede ofender), sino porque se ha alejado y no hablo de esa distancia de metros o kilometros sino esa distancia más dolorosa y más profunda que es la distancia del corazón. Esa distancia que se da sola, esa distancia que provoca estas nostalgias. Esa distancia que no la provocan ni los conflictos ni las peleas ni los malos entendidos ni las traiciones. Esa distancia que la provoca el tiempo.
Y duele esta lejanía natural, tan sola, tan progresiva. Es el destino de las familias. Es la ley de la vida, es el poblamiento mismo del mundo.
Cuando te aparezcas por la Casa del Castor te prenderé la estufa si tienes frío, te serviré un té en tazón grande, un té con canela como se que te gustan y hablaremos de Cine, de libros, de canciones, de muestras de Arte.
Si te apareces un día por nuestras casas ya no intentaremos levantarte como a la Rafaella, ya no podríamos.
Pero tal vez tiremos las piezas del rompecabezas sobre la mesa e intentemos armarlo una vez más.
Capaz que ésta vez sí lo logremos.