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viernes, agosto 21, 2009

Mar adentro


A veces también me baja la nostalgia sabes?
Son las menos de las veces pero viene y ataca y uno sucumbe y los dedos sucumben y este papel amarillento que suelo soñar mi blog sucumbe también a ese oleaje que te vio partir.

Me entra la nostalgia revisando escritos viejos, rescoldos de sueños de otras épocas cuando la pasión era un exceso de absoluta propiedad.
Se extrañan esos tiempos aunque ya los miro con distancia.

A veces claro, dan ganas de recoger lluvias y empaparse de nuevo de tintas turbias y dar rienda suelta a las letras.
Pero el tiempo no alcanza.
No alcanza ya para entrelíneas ni opios, alcanza apenas para dar cabida a esta felicidad de alma, de bronquios, de pecho, de vientre en que se ha transformado el ángel nuevo que llegó a mi vida.
Alcanza y falta para eso.

Hoy me di acaso una tregua para recordar pues ha pasado largo tiempo.
Son varios los que nos hemos dado un poco a la nostalgia.
Yo te recuerdo, claro, porque fuiste mi inspiración. Porque me llenaste de océano y me hiciste navegar mar adentro, mar adentro en lo más profundo de mi. Mar adentro y alto. Alto según alcanzaron tus alas de bicho negro.

Te recuerdo solo en los momentos de destellos, claro, pues los de furia me los reservé siempre para desollarte bestialmente con mi comando de aquello que quiso ser verso.

Debe ser este Agosto que se asoma en lluvias, debe ser la Pancha que me sume en la nostalgia, la flaca poeta del hielo que viene y me incita ¿Y si escribes algo bien nostálgico? me dice.
Y no puedo flaca, pero no sé, mira, ando así, como recordando pero bueno...

Y mi brujo payaso mira desde su cama de hospital aquellas nubes oscilantes cargadas de mar.
Y vuelvo al mar.
Estarás aún ahi...navegando en tu locura?
Yo sé que estás (siempre supe como encontrarte)
Hay veces en que te extraño.
Las menos, claro.

Mar adentro
mar adentro
en la inmensidad del fondo
donde se cumplen los sueños,
se juntan las voluntades
para cumplir un deseo.
Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo
sin parar...
Mar adentro
Mar adentro
hasta más allá de todo
por la sangre
por los huesos
Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto
para seguir con mi boca
enredado en tus cabellos.

(Ramón Sampedro)
*

miércoles, octubre 10, 2007

Adiós Amapola

Hoy recordé a Edgardo aquel señor fumador de Amapolas, que era juglar.
Hoy a mi puerta un pájaro trinó, pero abrí y una sombra se echó a volar.
("Trova de Edgardo", Silvio Rodriguez)


Hoy me toca despedirla.
Decirle Adiós. Adiós para siempre.
Si alguno de ustedes la conoció ha de saber que no regresará jamás.
Se quedará guardada entre las hojas de un libro de narraciones extraordinarias, soñandose eterna musa de un poeta olvidado en medio de la ciudad.
El cierre de un ciclo, supongo.
Muy necesario, por cierto.

Dos años de furibunda poesía archivados en el tiempo en algún rincón de páginas negras, entrelíneas y circunloquios, canto implacable de Opio Interminable regados en mil esquinas que ya es tiempo de guardar.

Amapola de pies alados, enamorada de las llamas, de cantatas y nocturnos, gajo de luz entre los dedos, cuyo corazón de letras (... de letras) tuvo siempre un solo nombre surcándole los cielos...y un solo par de alas negras.

"Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía..."
(Allan Poe)

Amapola, Flor de Opio, Alter ego, compañera e inspiración de maestros y musas, de poetas de tierras lejanas, abandonada en querencias y alas de ángeles transatlánticos.
Si de algo sirvió su humilde trazo que quiso ser verso, si inspiró quizá, si invitó a soñar, si levantó alguna esperanza en algún corazón solitario pues se duerme agradecida.

Me pidió que dijera que ya no vuelve y se despide.
Y yo.
Yo la despido felíz.

martes, marzo 14, 2006

"Si hoy fuera mi último día.."


"Si un día para mi mal viene a buscarme la parca
empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas..."

("Mediterráneo", Serrat)

Pintura:
"Alejando a la muerte"
Angel Martin


Sin ánimos de fatalidad de cuando en vez me preguntó que haría si supiera que este día, el de hoy, va a ser el último de mi vida.
Hace poco alguien volvió a preguntarmelo, lo que contesté aquella ocasión tenía mucho que ver con lo que sentía en ese instante y brotó de lo más profundo del alma, sin embargo, ese sentir no dista en gran medida de lo que pienso que haría hoy mismo, si hoy fuese mi último día.

Si hoy fuera realmente mi último día en este mundo y tuviera la facultad de saberlo (facultad a la que no otorgaré adjetivos), correría por la mañana a buscar los besos nunca antes permitidos, besaría sin temores con los labios pintados de lágrimas azules, de goce y dolor, trenzados en furiosas batallas, dados en el fragor de la pasión descrita en tantos idiomas desencontrados, en tantas noches con y sin luna, disimulando el caos que ha lacerado dulcemente tantas veces mi alma en el hastío.

Luego escribiría sobre ello, (no podría dejar pasar una experiencia así) y seguramente entregaría este escrito en manos de quien pudiera, al día siguiente, publicarlos en estas páginas.
Por la tarde haría el amor cuantas veces pudiera hasta que el cansancio dejase abatir mi temple, saciada de vida y de besos eternos, borrando las culpas, los atardeceres solos, las mañanas remotas en que tejí mis días en tus manos colmada de mares y cielos celestes.

Llenaría luego mi cabello de flores, de margaritas, de botones de rosas, de amapolas bordadas en campos de letras, recibiría a mi gente, llenaría mi casa de quienes yo más quiero para repartir sin temores todo lo que poseo, los escritos, los vestidos, mis tesoros más preciados, los dejaría sin miedo en manos de quien supiera que va a poder conservarlos y transmitirlos.

Y ya sabiendo que me queda poco tiempo, podría tal vez beber un buen vino o tomar una taza del té más aromático bañado en esencias de canela o de vainilla y me sentaría en la ventana ya llegado el atardecer con la alegría de los días vividos, la calma del tiempo que le entregué a esta tierra, mirando las estrellas, como me gusta, a jugar a los recuerdos y a esperar sin falsos temores a que termine al fin el último día de mi vida.

viernes, enero 20, 2006

No estás



El mundo entero se hila en hebras
que se deshacen en el intento de encontrarte
entre la desesperación y las ganas
en el poderío absoluto de tu recuerdo presente
en la rima de tus lenguas y en la lejanía de tus llantos
Y no estás.

No estás cuando te busco entre tantas veras y burlas
entre los mil sarcasmos descritos a carcajadas
entre tus Asíseas y mis Queseyoses
entre mis remotos gritos,
entre tus fecundas frases.

No estás en la ribera de ningún río donde te busco
ni en los vertiginosos instantes donde no te toco
donde no me importan más
las verdades que los asombros
de la dulce ficción que teje realidades
y los reflejos crepusculares de tus alas feroces.

No estás en ninguno de mis signos de idealismos prodigiosos
ni en cada cosmos que recorro,
ni en lo más profundo de tus mares
no estás en las comarcas extraviadas,
ni en los vapores celestes de la espesura de mis bosques
no estás en ningún sitio donde solía hallarte.

No estás ahora en mis manos vacías
en mis controversias cantadas al desconsuelo de tus pausas
en la absurda geometría de mis hemisferios
ni en el pavor mitológico de tus cantares
y el llanto de muerte se muere al buscarte
porque no estás,
en ninguna parte.

domingo, diciembre 25, 2005

"Te conozco..."

No sabes cuanto te conozco
te conozco cada mañana
cuando despiertas envuelto enredado de musas
y te presiento sonriendo cuando me sabes soñando
cuando contemplo, astuta, la profundidad de tu trazo.

Te conozco cuando vacilas entero
y se te enredan las palabras
cuando enfureces y se te nubla la vista
y se te calientan las venas acorralado en inventos
cuando se que recuerdas una a una mis palabras
y demueles el tiempo inventando destellos.

Te conozco desde siempre,
cuando respiras con furia
cuando no se te calma el alma, cuando declamas tortuoso
el ritual de la venganza
y te desatas en llanto destilando poesía
cuando te suda la piel porque no se te acaba la rabia

Te conozco así, tanto
cuando me sientes cerca
y respondes mis cantos con tu pasión desatada
y me desplazas soberbio mientras te desgarran las ganas
sacando frutos de mi cuerpo para alimentar el mundo
celebrando la aventura del hallazgo,
describiendo los hilos que me han cortado,
desarmado, descosido y deshecho
y me rearmas de nuevo
con tu retórica clara.

Te conozco así como eres
oscuro, silente
desde los tiempos remotos
donde te descubrí un día sin mirarte a los ojos
donde se conjuró el tiempo, detenido y absorto
te conozco insolente e inflado de orgullo
con tus sabores minerales
vaticinios de besos de tantas noches en desventaja.

Y conozco la violencia de tus vientos desgarrados
tu hojarasca impetuosa tejida con la tinta de mis lágrimas
prodigando ternuras abatidas y confusas,
descrita en tantos versos presentidos y presagiados
la pasión dolorosa como enfermedad y cura juntas
como principio y fin unidos
como el destino incambiable de la naturaleza santa.

Demonios,
si ni tú mismo lo sabes
porque te tengo atrapado,
porque de veras lo siento,
porque respiras cansado,
y no cesan tus dedos en proclamar lo pactado
desde ese día y para siempre
no lo sabes
Ay, cuánto te conozco...

jueves, diciembre 22, 2005

Ahí estabas...

Ahí estabas
Presente en mi tiempo
donde la vida transcurre vertiginosa
atisbando sereno el encuentro imaginado
Y ahí estaba
una más de tantas veces en que la mente vuela
y se inventa estallidos
buscando el rostro que me bañó de cielos
en mil encuentros habitados.

Ahí estabas, mirándome, imperturbable,
con tu sonrisa dibujada, con tus ojos profundos de ave preparada
sin desilusiones remotas, porque eras tú
si acaso un ángel o un demonio,
un ogro, un gigante, un enano,
nada importaba porque eras tú aquella tarde,
tú volviéndose humano,
tomando forma, respirando vida
dibujando un rostro
el rostro que extrañé por tanto tiempo

Ahí estabas, con tus ojos y tus manos que derraman poesía
Simple y sencillo y todo encajaba
cual si fueran las piezas de un rompecabezas
desencontrado y largamente buscado
tu palabra fija
mi canto desbordado
tus versos oscuros
mi historia felíz.

Ahí estabamos, personajes de historias vueltos a la vida
de palabras y furias, de tiempos sin tiempo
Ese eras tú y esa era yo
Y fuimos dos extraños en el mundo real
dos viejos conocidos de vidas de papel
convertidos en certezas en el soplo inventado
Y todo sigue
como siempre, desde mi espacio pequeño,
desde mi universo celeste e infinito
de romanticismo anacrónico
donde nada podría ser más real.

Ahí estabas,
todavía mirándome
todavía sonriendo
donde no se conocieron nuestros labios,
sin un solo roce de los dedos,
Solo tú y yo
En la tibia tarde de una esquina
Ahí estabas

lunes, noviembre 28, 2005

Te mueres de ganas


Te mueres de ganas
nunca me lo has dicho pero yo lo sé.
y me adviertes silencioso en tus visitas sigilosas
y te sorprendo husmeando mis conjuros esparcidos,
te mueres de ganas cuando me reconozco en tus letras
donde puedo verme clara, en mis formas, en mis tonos
donde dibujas mis contornos y me inventas en palabras.

Te mueres de ganas cuando te sorprendo silente
y se quedan pegados a mi letra tus ojos,
alterando las horas, reclamando abandono
y aunque me conoces desde siempre
solo hoy te estás dando cuenta
que te mueres de ganas
y se llenan gustosas tus paredes de mi espectro.

Te mueres de ganas porque lo siento muy dentro
porque te hierves en rabia,
porque te excitas y ruges
y me amas
y me odias
y vuelves a amarme,
porque puedo oír tus gritos entre tus bordes trémulos,
en medio de tus insondables partituras.

Te mueres de ganas cuando socavas altivo, adusto,
el páramo en que se ha transformado mi existencia
y sueñas ser letra de juegos, quimera, espejo roto,
liturgia nueva y pasiones devotas en el calor de la furia.

Te mueres de ganas de regalarme poesía en murmullos,
de desatarme en tus versos, de describirme en tu prosa
de sorprenderme jadeante, de suspirar en mi aroma.
y habitar en mis sentidos entre tus alas cortadas
de forzarte a nombrarme en tu cosecha piadosa.

Y te escondes en tu lienzo congelado,
en tus artificios oscuros de poeta delirante,
en tus artilugios diurnos de mañanas remotas,
en tus arbustos sin hojas, en tus vuelos rasantes.

Te mueres de ganas desde la plenitud desértica

que recorro ya sin buscarte,
en los ojos en que nunca me hallaste
en el salmo de tus versos secretos que se elevan en el sueño
y que hoy escucho en silencio
sin que lleguen mis besos,

indemnes, a tu isla
para concedernos por fin una tregua.

Te mueres de ganas y no me lo dices,
pero no hace falta,
porque yo lo sé...
Te mueres de ganas

domingo, octubre 30, 2005

Fábula



“De lo que aconteció, cierta vez,
al encontrarse en un bosque paralelo,
una ave herida y un hada de la foresta”

-Buenos días pajarito - saludó el hada- ¿Qué te sucede?, veo que tienes las alas rotas

El ave la miró deslumbrado, la vio brillando en medio del bosque, toda verde, translúcida, tenía la piel muy blanca, casi etérea, y su pelo dorado le caía en bucles en armonioso desorden

-No han sabido cuidarme, hermosa hada- le dijo triste- siempre he dado lo mejor de mí y me han pagado mal

-Sé bienvenido a mi bosque -le dijo- veo que no han sabido amarte, yo te voy a cuidar

-Pero no tendré con qué pagarte - respondió desconsolado

-No te preocupes -le sonrió- solo con tus plumas me basta, porque son las más hermosas que jamás he visto y porque con ellas puedo seguir dando vida a mi magia.

El avecita se entristeció, esa hada no le estaba prometiendo su amor, porque ella ya había entregado su corazón, lo tenía henchido de amor por el Rey de los Bosques, amo y señor de todos los códigos, que también la amaba profundamente.
Y puesto que la amaba, la dejaba recorrer los bosques a su libre albedrío y esparcir su magia por todos los rincones, porque sabía que así era felíz.

-Así sea – dijo al fin el ave, llenándose de esperanzas

Y sucedió que el ave y el hada se hicieron amigos, vieron que ambos compartían el poder de derramar magia, porque ambos tenían alas para volar, porque se potenciaban el uno al otro, porque juntos lograban cambiar el curso de los acontecimientos como si fueran solo uno, solo con volar.

Y así pasó algún tiempo en que disfrutaron de sus mil prodigios, de sus correrías apasionadas de almas encontradas en este bosque de mil artilugios, hasta que un día, el ave se preguntó si todo esto valía la pena, era tanta su sed de amor que cuando comprendió que ella jamás le daría su corazón, decidió dejarla.

-Adiós – le dijo el ave- agradezco tu tiempo y tu dedicación, has cuidado de mis alas y estoy mejor, pero debo ir en busca del amor

Y ella palideció, no entendía que el ave no quisiera otra cosa más que su corazón, lo miró con el rostro empapado en lágrimas, no comprendía que tuviera que irse.
Toda ella lloraba, lloraban sus alas de cristal, lloraban sus cabellos, lloraba su piel de ángel hasta que sus lágrimas formaron un río de lágrimas de diamantes de tristeza.

-Pero si yo te amo – alcanzó a decirle

Sé que no me amas de verdad, amas mis plumas y mi vuelo rasante sobre tu cabeza, amas la magia que derramamos cuando estamos juntos, amas la sombra que proyectan mis alas en medio de los árboles, pero tú nunca has mirado dentro de mis ojos, por eso no puedes amarme de verdad, porque eres un hada, y puesto que lo eres, nuestros idiomas son diferentes y tu corazón no me pertenece.

Dicho esto, emprendió el vuelo más enojado que triste porque pensó que había perdido su tiempo.
-Pobre fantasía- fue lo último que se le oyó murmurar calladamente

Y olvidando para siempre los momentos juntos y lo mucho que ella le quería, se marchó en busca de un ave semejante a él que lo pudiese amar.

-El hada lo miró alejarse desde su foresta.

Y se quedó muy sola porque esa ave era su alegría, la dicha de sus días y la luz de sus mañanas, porque su corazón era más simple y noble, porque dentro de su lógica había demasiados colores, no solo blancos y negros como solo ven los ojos de las aves, porque pensó que podían seguir siendo solo amigos, compañeros de vuelo, tejedores de ilusiones, pero el ave nunca lo entendió, solo estaba empecinado en encontrar consuelo.

De vez en cuando se ve al hada, que aunque nunca pierde la sonrisa, sigue algo triste en medio de las hojas, pero rodeada de los habitantes de la foresta que la llenan de elogios y la colman de alegrías, sin embargo le extraña porque no logra comprender cual fue el error y sueña encontrarle de nuevo, en algún lugar del bosque

No se ha vuelto a saber de aquella avecilla que solo quería encontrar el verdadero amor, de vez en cuando se oye el murmullo de su vuelo que el hada logra oír a través de las miles de hojas de aquel bosque interminable.

De vez en cuando se le ve también, surcando los cielos, ahora con sus alas extendidas en todo su esplendor, sin percatarse que él tampoco, en el tiempo que pasó a su lado,
en sus muchos vuelos prodigiosos ni en sus miles de sortilegios encantados,
miró nunca jamás al hada,
verdaderamente a los ojos”.

miércoles, octubre 05, 2005

Te vi




Te vi..
No hacías otra cosa que escribir
Y yo simplemente te vi...

miércoles, septiembre 21, 2005

Escribir...


¿Por qué te tomas tanto tiempo en escribir para mí? Preguntó la Musa
Vaya pregunta, párvula pregunta en quien pareciera tener todas las respuestas.
Porque escribir es volcar el alma, es derramarse por entero, es vaciar el sentimiento y el afecto (real o imaginado), sin límites ni contemplaciones, es jugar al límite de la realidad y la fantasía y en cada letra, cada palabra, cada texto que se hila van intrínsecas todas las respuestas.
Que lata debe ser para los autores dar entrevistas: “Bueno, esto lo escribí en un momento de mi vida en que...”
El lector tiene en sus manos todas las herramientas para comprenderlo, debe dejarse bañar por sus emociones, sumergirse en sus párrafos, elevarse en sus sortilegios, condenarse a su martirio, ahogarse en sus profundidades, ponerse en sus manos, moldearse a su gusto, dejarse atrapar.
¿Porqué te tomas tanto tiempo en escribir para mí...? Porque me gusta, porque me nace, porque me nutre, me oxigena.
Porque cuando escribo tiemblo entera, porque cuando escribo a veces lloro, me río, sueño, me elevo por sobre las cosas, y puedo volar libremente muy alto, porque cuando escribo transpiro y siento a mil por hora, porque me transporto, porque puedo inventarme amores dolorosos, bosques insondables, romances indisolubles, pasiones inconfesadas.
Recuerda que todo puede ser una falacia.
La inteligencia del autor es prodigiosa, nunca confunde, nunca mezcla. Conoce lo real.
Solo quiere que lo dejen volar, no cortar sus alas, no mermar sus sueños. Escribir es un don maravilloso, un bálsamo de sueños, solo basta con beberlo, sorbo a sorbo, sin cuestionamientos. El autor no confunde realidad y fantasía, no hay nada que temer.
¿Porqué te tomas tanto tiempo en escribir para mí...?
Por la misma razón que puedo escribir sobre arenas ardientes, bebedores, artilugios, casas abandonadas, viajes en metro, sobre musas dormidas...
Sólo que, a veces la musa se despierta y reclama, y hace preguntas, no sabe que no tiene derecho, o tal vez no quiere seguir siendo musa en este juego inventado.
El autor teje ilusiones, se permite estas licencias, derriba molinos, combate dragones, crea sueños, enamora aves rapaces...el autor no da explicaciones...no debe...
El autor toma venganza, como decía Ernesto Cardenal en sus versos a Claudia: Un día llegará a tus manos el libro de un poeta famoso, y leas estas líneas que el autor escribió para tí...y tú no lo sepas.
Présteme a su musa, le podrán decir.. Pero no. Porque las musas son intransferibles, duermen en el secreto de la quimera de la fantasía sin rostro...ni nombre.
Nada es errado. Todo sigue en su lugar.
¿Por qué te tomas tanto tiempo en escribir para mí...? Resuena como un eco la voz de la musa inconfesada.
¿Por qué? Por pura inspiración no más. Porque me elevas.
Por eso.

martes, septiembre 20, 2005

"Siempre es de noche"


Me gusta Alejandro Sanz, me gusta su poesía, me gusta su música.
Hoy quiero compartir algo de eso.
A ver si la tienen por ahí en algún archivo guardado, en algún cd perdido,
o si la pueden bajar con algún programa de música...
Y la cantamos juntos...

Siempre es de noche
(Alejandro Sanz)


Cuéntame cómo va cayendo el sol
mientras hablas pensaré:que guapo estás,
que suerte ser
la mitad del cuento de un atardecer
que observo al escucharte
porque mis ojos son tu voz..

Acércate, que cuando estemos piel con piel
mis manos te dibujarán
tu aroma me dirá tu edad
junto a ti, unidos sin saber porqué
seguramente se me note
el resplandor de una ilusión
porque a tu lado puedo olvidar...

Que para mi siempre es de noche
pero esta noche es como un atardecer
si logras que a la vida me asome
tus ojos sean los que brillen
y la luna que la borre
y que en mi eterna oscuridad
el cielo tiene nombre: tu nombre

Que no daría yo por contemplarte
aunque fuera un solo instante...

Hace frío, es tarde y tienes que volver
hay alguien que te espera, seguro
una vez más el tiempo se nos fue
¿Volverás?, dime si mañana volverás
como lo has hecho cada tarde
para contarme como muere el día...

Y se marcho, ella se alejó de él
pero como en las cartas...dos puntos, posdata
se me olvidaba, no me presente
solo fui testigo por casualidad
hasta que de pronto él me pregunto
¿Era bella no es verdad?
más que la luna dije yo, y el sonrió

Y ya jamás se harán reproches
por intentar amanecer
no volverá a perderse en la noche
porque su alma hoy brilla con más fuerza
que un millón de soles
pero en su eterna oscuridad
a veces se le oye a voces

Que no daría yo por contemplarte
aunque fuera un solo instante

Te diré que no daría yo por contemplarte
aunque fuera un solo instante...

miércoles, septiembre 14, 2005

Todo puede ser una Falacia

Todo puede ser una falacia.
Todo puede acabar en un abrir y cerrar de ojos.
El día de mañana cambio la dirección de este blog, dejo de llamarme Kiantei y desaparezco para siempre.
Todo puede ser una falacia, decía Shimoda.
Pero hoy, hoy quiero quedarme en esto que estoy sintiendo, hoy quiero quedarme en este ahogo mágico, en este sentir a flor de piel. Hoy quiero quedarme en la oscuridad de la noche, y quedarme para siempre cubierta por esas sombras.
Y caminar por mil calles y sentir el hielo de este invierno calándome muy dentro.
Te conozco desde siempre.
Hoy tengo la vida apretada en la garganta, los latidos pisoteándome las sienes, hoy no quiero apagar jamás esta hoguera, hoy quiero explotar en llanto mi propio Carpe Diem. Un prodigio.
Todo puede ser una falacia. Un cuento efímero, un juego insustentable. No importa.
Y no importa porque la falacia alimenta la poesía.
Porque lo que la oruga interpreta como el fin del mundo...Es lo que su dueño denomina Mariposa.

viernes, septiembre 09, 2005

Hoy


Hoy quiero dormir
Hoy tengo ganas de llorar, hasta que no me queden lágrimas, llorar de nada.
Hoy quiero correr hasta caer rendida
Hoy quiero comer cazuela
Hoy quiero dormir en mi cama
Hoy quiero ver mucha tele
Hoy quiero un beso tuyo
Hoy quiero mostrar mi cara en este blog
Hoy quiero estar contigo (como ésta mañana)
Hoy quiero ver una película de Tim Burton
Hoy quiero que la lluvia me moje
Hoy quiero hacer ambiente
Hoy quiero que te enredes en mi pelo para siempre
Hoy quiero que todos se acuerden de mi
Hoy quiero sentir tu sudor
Hoy quiero escribir hasta que se me agote el cerebro
Hoy quiero que me abrazen fuerte
Hoy quiero escuchar a la Billie Holiday
Hoy quiero que el cuervo escriba solo para mi
Hoy no quiero ver a nadie
Hoy quiero ponerme mi chaleco café
Hoy quiero ir a caminar por el forestal
Hoy quiero que me hagan el aseo en la oficina (y en la casa)
Hoy quiero que me atiendan
Hoy quiero a mi abuelita haciendome cariño y que me haga sopaipillitas y me ponga el guaterito y tomarme un tapsin caliente y sentirme mejor.
Hoy quiero que todos se queden callados, y no hablen, y me dejen sentir este último resabio del invierno en paz.
Hoy quiero reinventarme y conocerte y que no pase ni un solo día más en que no pueda conocer tu rostro.
Hoy no quiero ir al retiro y volver el domingo y no estar en mi casa, donde debiera, con mis amores.
Hoy quiero quedarme en la Casa del Castor para siempre.
Eso quiero.