(La Habana, Cuba, al atardecer)
"Tú me recuerdas el prado de los soñadores
el muro que nos separa del mar, si es de noche
tú me recuerdas sentada, ciertos sentimientos
qué nunca se sabe que traen en las alas
si vivos o muertos,
si vivos o muertos...
"Recuerdo claro el primer encuentro con tu imagen latiendo violenta entre mis libros viejos cargados de aromas, tu imagen de leña humedecida por el curso de tus tiempos, tu sonrisa dibujando tu historia y tu mirada de carbón encendido entibiando mis sentidos.´
¿Te acuerdas cuando viniste a buscarme en esa tarde de lluvia...la vez que llegaste saltando charcos para venir a mi encuentro y nos encaminamos bajo el paraguas al barrio de los poetas para leerme a Lihn con tus anteojos empañados por el vapor del café?
También te recuerdo en mis besos la tarde en que aceptaste ese Nocturno que nos mancharía la piel con la tinta de la noche y sonreíste…
Lo sabes, sabes cuanto me gusta verte sonreír…
Ocurre que te veo en estas calles de la Habana como te vi aquella tarde bajo la lluvia... con la ebullición de tu sonrisa crepuscular en la parranda fragorosa del caribe.
Ocurre que te siento en forma extraña, en esa capacidad brillante que tienes para leerme el pensamiento y llenarme los huesos de espuma, con ese calor tuyo concertado con el mío como parte de un mismo sortilegio, hay que verte caminando por estas calles mi sol, con el espíritu alborotado de tantos recuerdos que van y vienen, deseando que pase pronto este verano que se te hace cada vez más interminable, sucumbiendo a ratos entre la poesía y el dolor, fraguando una sonrisa al saludo de las mulatas rebosantes de piel, intentando encontrar los besos que no tienes en cada aroma de café..."
Tú me recuerdas las calles de La Habana Vieja
la Catedral sumergida en su baño de tejas
tú me recuerdas las cosas, no sé, las ventanas
donde los cantores nocturnos cantaban
amor a La Habana,
amor a La Habana"
Ocurre que te escucho y me conecto con tu sombra y con tu cuello firme,
cuando los días pasando y las noches deseando escriben por sí solas,
cuando los dolores se tornan más fuertes que la analgesia de la poesía.
Ya sabes, por estos días ando reclamando versos quedos,
verte a ti calle abajo como sostenido en el tiempo no hace más que devolverme esos versos tuyos que siempre me sostienen, sin artificios, ni lujos.
Por estos días te puedo ver recortado en las calles viboreantes de luna caliente de esta Habana que nos envuelve... a tí y a mí.
Me pregunto si todo será falso, si todo será cierto, si podrás encontrarme en esos cielos de nuestra América morena para atarme a tus estrellas hispánicas,
si no podrás inventarme en besos sin estudiar cada frase,
si no tropezarás acaso en esta mirada que desconoces, si no podrás un tarde de éstas de atardeceres naranjas, balanceándonos en la melancolía del café, saciar mis ganas de ser arte entre los pliegues de tu piel...
Y qué importa al fin, que diablos importa, me termino diciendo, si ya me he embriagado tanto de tu alma y entendido tanto tus manos quietas que estoy segura no necesitaré los ojos cuando me entiendas la sangre, cuando me recibas plena, cuando te esté esperando para que tus versos hagan juego con mis poros en el magnetismo pavoroso de esta ciudad remota de vientos tibios y veranos ardientes, en una de tantas de nuestras tardes en La Habana..."
Esto no es una elegía,
ni es un romance, ni un verso.
Más bien una acción de gracias
por darle a mis ansias razón para un beso,
una modesta corona
encontrada en la aurora..."
(Silvio)