viernes, diciembre 22, 2006

Oro, Incienzo y Mirra


Regalos, regalos y más regalos...
Me gusta regalar, me gusta el rito que comienza en la cercanía de la fecha y la preocupación por quien va a recibirlo, me gusta la sensación ansiosa de ver los ojos en el momento de recibirlo, el destello en la mirada, la coloración brillante de la sonrisa, el abrazo cariñoso, el beso emocionado. Me gusta lo que lo precede en cada proceso, la intencionalidad, el cariño y el bello final del regalo ofrecido.
No es cualquier cosa, es más que enfrascarse en los calores de las fechas, en los apremios del tiempo, en la escasez del dinero.
Navidad no es tiempo de agitarse en compras vanas de último minuto ni endeudarse por el siguiente año completo.
Navidad es darse uno mismo con todo el calor generado durante el año, con el cariño guardado en 4 estaciones, con el peso de la vida que nos cansa en cada jornada y aún así sobrevivir, darse, darse de corazón en la simpleza de un regalo entregado con amor...la foto vieja de la abuela encontrada en un cajón que ahora con la maravilla del photoshop podemos restaurar, ampliar y enmarcar, el tazón con dulces, la bolsa de galletas, un poema... cualquier cosa puede ser valiosa porque lleva en sí el valor del cariño de quien la da.
Y , pues, cuando hacemos de esto un problema cualquier regalo por bello y caro perderá en sí su valor.

Deseo para ustedes una muy Felíz Navidad amigos míos.... muy probablemente no vuelva a escribir sino hasta Enero, reciban entonces mi cariño y mi abrazo de buenos deseos.
Felicidades a todos, musas, poetas, arlequines y juglares de mis días y mis tardes, no tengo más regalos para ustedes que los que ya les he ofrecido en mis páginas y en mis versos.
No hay ni habrá para mi regalo más grande que tenerlos de amigos durante ya tanto tiempo.

Besos Mentecato...que iluminas mi corazón cada vez que sé de ti.
Besos Pappardella...que vives en mis sueños.
Besos Maestro Fernando....que solo en sus versos puedo aprender a volar.
Besos Indianguman, amiga y compañera de tantas jornadas.
Besos Pancha ...que tu sonrisa es fuerza para mi.
Besos Pinkerton...poeta escondido entre sueños largos.
Besos Laurita... tan cerca aún más allá de la cordillera
Besos a ti mi boricua lejano que prometiste leerme siempre y por tanto sé que siempre estás.

Besos a todos amigos míos, regalen, regalen todo de sí sin esperar regalos a cambio que se les devolverá siempre y más en destellos inmortales de un inmenso e infinito amor.

¡ Felíz Navidad!

miércoles, diciembre 13, 2006

Malucha de Noche


"A todo sol se elevaron volantines.
Ciento veinte lavanderas, las morenas,
desplegaron al unísono sábanas blancas.Cantó seis veces el gallo
y supimos que llegabas con tu manto de estrellas.
Bienvenido Colibrí"
Anoche me desvelé, nunca me había pasado.
Hace algún tiempo estoy con un dolor agudo en la espalda que no me deja dormir en paz al menos dos noches por semana, pero lo de anoche fue insólito, pues casi no dormí y permanecí en vela desde la una hasta las cinco de la mañana. Y hoy no tengo sueño, ni una pizca y muy por el contrario, he despertado con una energía nueva que siento me ha sido regalada por quien sabe que dioses infinitesimales de miles de regiones recónditas del tiempo y la profundidad del alma humana.
Así que amanecí felíz.
En el fragor de mi vigilia me hice de un libro que había comprado algunas horas antes a la salida del metro Pajaritos, un libro que había querido leer durante mucho tiempo y que por alguna razón jamás me había decidido a adquirir: "Cartas para Tomás" de Malucha Pinto.
Para quienes desconocen el tema, la Malucha es una actriz chilena cuyo hijo, Tomás, nació fieramente afectado por un virus de los tantos miles que nos maldicen la vida y que atacó su cerebro desde las entrañas maternas y que le ha condenado a una vida que muchos consideraríamos anormal, deficiencias, postraciones y dolores innumerables en torno a la discapacidad.
Malucha le ha escrito cartas desde mucho antes de nacer, bendiciendo su llegada al mundo con palabras llenas de ternura mágica, de esperas anheladas en torno a los dones de la tierra y los misterios insondables del universo entero, versos confabulados con la magia que convoca a todos sus ancestros, desafiando los por qué, sosteniendo las miradas en los más intrincados horizontes y desbordando al mundo entero de un amor de madre que no cabe en su pecho, ni en el mío, ni en el de todas las hojas de todos los libros del mundo.
Anoche en mi desvelo recorrí en menos de dos horas todas esas páginas vertidas en un canto de amor, sollozando entrelíneas y silencios para no despertar a los bellos durmientes de mi casa que a esas horas roncaban su serenidad de mitad de semana.
Y la Malucha me inundó, me inundó hasta los bordes, hasta los espasmos, llenándome de su Tomás patuleco de lengüita colgando, me colmó de sus sabidurías remotas, de sus llantos desconsolados, de sus fuerzas sobrehumanas, de sus cansancios desfallecientes, y la madrugada de espalda dolorida se transformó en una noche de estrellas implacables devorandome en un cielo de tierra redonda y universo celeste, de astros de mil constelaciones, de vientres fecundos de aguas virtuosas, de tetas de leche abundante y dulce, de pubis chascones pariendo vida linda, vida entera a pesar de todos los males, y me llené de terrores viejos y renovados, de incertidumbres maternales, de hijos a estas alturas de la vida, me llené de virtudes distintas y de valentías desconocidas y si ha de venir un hijo así pues que venga, no habría en el mundo una mamá más amorosa para recibirlo y con más fuerza para amarlo, a pesar de los achaques.
La magia del día escribí hace algunos días... pues también hay magia en la noche, muy de madrugada, cuando menos lo esperamos, magia de insomnios celestes y cantos de gallos, de pájaros madrugadores y oscuridades brillantes antes de despuntar el alba, de vida rugiendo y cantando en la danza de todos los misterios en un día donde un dolor de espalda no ha sido más que el comienzo de un nuevo amanecer
.

domingo, diciembre 10, 2006

P A Z


Hoy murió Pinochet.
No voy a salir a celebrar por respeto no más, porque todos los muertos merecen respeto, aunque estén bien muertos.
No voy a salir a descorchar champaña y mojarme entera ni a bailar al parque forestal al ritmo de una batucada como tantos miles lo están haciendo en estos instantes por las calles del centro.
No voy a subrime al auto a tocar la bocina para festejar quizá el que haya muerto justo hoy cuando se conmemora el Día Internacional de los Derechos Humanos.
No voy a reírme en la cara de sus adherentes amontonados frente al Hospital militar mojando con sus lágrimas los posters y fotos que han traído colgados al cuello.
No voy a abrazarme de felicidad con nadie, ni le pediré al diablo que por favor no lo mande de vuelta.
No haré nada de eso porque al fin y al cabo hoy, a pesar de que no es un día cualquiera para este país, no es ni más ni menos que un día de PAZ.
De paz larga y anhelada, de paz envuelta en vientos nuevos, no de dolor, no de alegría, no de justicia, no de llanto (no hay por qué) pero tampoco de risas.
El dictador se fue al fin, sin pagar sus culpas, sin arrepentirse, sin responsabilizarse, sin mayores dolores, sin reconocer siquiera el dolor de las familias de los más de 3.200 muertos de la dictadura militar.
Hoy es el comienzo del fin.
Del fin de una era dolorosa, el comienzo de un nuevo ciclo en que uno de los último tiranos de América Latina va a quedar al fin bajo tierra.
No se puede sentir otra cosa hoy que Paz, enterrar en paz, sentir en paz, respirar en paz, evaluar en paz, escribir nuestra historia en paz.
Hoy es un día nuevo para nuestro país.
El dictador Pinochet ha dejado de existir.

miércoles, diciembre 06, 2006

La Magia del Día



Hace poco un amigo muy querido me decía que cada día tenía su magia, que nadie podía irse a la cama por la noche sin haber tenido esa dosis de magia que cada día regala.
La magia del día le llamó.
Y me impresionó esa original forma de ver la vida.
Hay días malos, claro, días en que la inercia pareciera apoderarse de todo, días en que nada de lo bueno puede superar a lo malo, días iguales a otros, a todos los demás, levantarse, partir al trabajo, mirar en la micro las mismas caras de siempre donde nadie sonríe, donde todos son iguales, donde pareciera que nada mágico pudiese ocurrir, pero ocurre. La gracia, me explicaba, está en saber esperar ese instante, reconocerlo y darle su valor.
Cualquier cosa puede venir cargada de ella... el perro que nos movió la cola, la luz del sol brillando reflejada en un inmenso cartel de propaganda en medio del centro, el rubio que nos sonrió al subir al metro, el aroma de una cabellera quedando en el sendero, el jugo del durazno chorreando hasta los codos, un mail cargado de luz, una llamada equivocada que termina animándonos la tarde, un par de palomas chapoteando en una fuente, una invitación inesperada, una mirada, una sonrisa, un beso, una canción vieja…en fin, no tiene que ser una gran cosa, no hay por qué esperar una gran noticia ni un regalo porque cada instante atesora el regalo de la magia en sí.
Claro que es maravilloso cuando esa magia consiste en un gran acontecimiento, un nacimiento, un beso largamente esperado, una declaración de amor, un poema escrito solo para uno pero, cuando no se dan las condiciones, hay que tener suficiente astucia y esperanza en que de una forma u otra cada día nos trae de regalo un misterio fabuloso.
Hace poco, caminando por el centro con mi muy querido Tontograve, oímos de pronto una de las voces más hermosas que he escuchado tejiendo en el viento un aria de ópera, la voz provenía de una de las tantas sopranos que han tenido que cantar en la calle para divulgar su arte y ganar así unos pesos, la podíamos ver desde lo alto de la escalera que bajaba al metro y como si estuviésemos ubicados desde un balcón los transeúntes la mirabamos hacia abajo y la aplaudíamos.
Mucha gente le dio dinero, Tontograve me miró y me dijo: "Hagamos un acto de magia", corrimos a uno de los tantos puestos de flores de la Plaza de Armas y escogimos la más hermosa de las rosas, regresamos a nuestra ubicación y cuando terminó de entonar los más bellos pasajes de "Madame Butterfly" le dejamos caer entre sus manos la flor desde lo alto.
Su cara se iluminó y el resto de los asistentes celebró el gesto entre aplausos y vítores.
Nos siguió mirando un rato, inclinó la cabeza hacia nosotros y nos regaló su sonrisa.
Aunque le hubiésemos dejado caer diez veces el valor de la flor no hubiésemos logrado jamás ese instante de divina luz, ese instante de magia....para ella, para nosotros, para los que ahí estaban.
Puede tratarse de lo que sea, puede incluso pasar desapercibido y confundirse con el viento, puede que nadie más pueda verlo, que no signifique absolutamente nada para nadie más que para nosotros mismos, pueden ser las palabras de una Kiantei cualquiera en un blog cualquiera, una despedida, un recuerdo, la Navidad cercana en la brisa de Diciembre, puede incluso parecer que no ha existido... pero está, aquí mismo, ahora, en este instante.
Y hoy, esta misma noche antes de dormir, si recordamos y repasamos con atención podremos estar seguros que a lo largo de estas 24 horas y por más dura que haya sido la jornada seguramente se ha presentado confabulada con el milagro, camuflada entre otros miles de instantes y envuelta en el poderío de su misterio inconfundible y prodigioso... la Magia del día.

(A Mentecato)

viernes, diciembre 01, 2006

Cuando Él escribe...


Dentro de la imaginería y el artificio que este mundo significa puedo decir que he encontrado muchos amores …amores de todo tipo, de buena y mala índole, de bellas y horribles letras, sultanes adorables y especimenes siniestros, me he divertido grandiosamente como parte de mi espíritu aventurero, de mi naturaleza ansiosa de letras nuevas y apasionantes investigaciones acerca del poder de la retórica.
He tenido el placer de leer letras cautivantes, pletóricas de perpetua y subyugante poesía, otras de magistral e inquietante factura donde el ingenio ha logrado superar mucho de lo que antes entendí como buena literatura.
He tenido la oportunidad de ser acariciada por verdaderos cantos de juglares asomados a mi balcón, rescatada por caballeros andantes de lustrosa armadura venidos quién sabe de qué tiempos remotos y arrancados de quién sabe cuántas páginas de cuentos.
He conocido el artilugio maravilloso de verdaderas máquinas del tiempo en las que me han transportado a los más infinitos lugares del cosmos y zeppelines extraordinarios que me han elevado para dejarme caer suavemente en praderas de las más tiernas y soporíferas flores.
Y lo he disfrutado…y lo sigo disfrutando puesto que la imaginación no tiene límites, ni los marca ni los restringe.
Reconozco que me he dejado llevar por prosas envolventes hasta sucumbir en los más deleznables pántanos y he sido rescatada hasta sentirme bañada en cascadas de perlas.
No puedo dejar mi naturaleza que no persigue ni más ni menos que el delicioso placer de leer y de escribir.
He evitado mezclar en ello mi vida real.
Sin embargo, no hay tropa de guerreros que me ate más fuertemente ni ejército de sombras que mejor me envenene que cuando él escribe.
Cuando él escribe...cuando abandona los pliegues certeros de su vida real, de su mundo de números e ingeniosos proyectos, de su rol de marido de miel para adentrarse en mi mundo y escribir.
Escribe poco como poco es su tiempo pero cuando lo hace no hay poción más maravillosa que la que puedo beber de la ambrosía de sus letras, no hay jugos más dulces que los que vierte sobre mis labios en deliciosa descripción de imágenes y sombras…
Es entonces cuando el candor de los caballeros andantes y de los juglares, de los hados y las aves siniestras, de los zeppelines y las magos rapsodas se diluyen en la vorágine de todas las hojarascas inventadas y el mundo se vuelve cierto y duradero, sonoro y real siempre adornado de la magia del delirante placer de sus escritos y sus letras, cuyo vicio divino y delicioso estoy segura... jamás habré de compartir.

martes, noviembre 28, 2006

No voy a volver a sonreír...


De eso estoy segura. El día que parta se me va a borrar la sonrisa para siempre.
No voy a volver a sonreír porque de su alegría se han forjado mis años mejores.
No me interesa lo que haya hecho antes de que yo naciera porque desde que yo nací nació ella también para mi.
Y ahora, mucho antes de que parta, ya extraño el aroma de su ropa y el taconeo de sus zapatos, ya necesito su andar cortito, su tacto amoroso y sus bailoteos de mambo habanero al ritmo del ronroneo de su gato, extraño ya desde mucho antes los cuentos de mi infancia adornada de caracolas de mar, la historia de las gaviotas que me enseñó a mirar y el aplauso sonoro de sus alegrías al compás de mis primeros logros.

No voy a volver a sonreír pues solo con mi pena podré tasar la medida de su ausencia y el cantar que me hará falta, porque ya me pesa la garganta de tantas lágrimas que está juntando, porque me duele con anticipación la carencia del toque de sus manos de árbol y el perfume de tanta vida que ya lleva cargando. Sé que debo prepararme pero no sé como haré para volver a sonreír
Sé que le gusta estar sola porque siempre ha sido así su tránsito, midiendo el tiempo, templando el alma, caminando de puntillas para alegrarnos las horas malas, esas en los que solo ella estaba para sostenernos, en las que silbaba de lejos para que saliéramos a su encuentro, trayéndonos sorpresas, cariño, tiempo.

Dios, no quiero ni pensarlo, cómo devolver el tiempo, cómo conseguir que no sean 80 sino 50...40...20...y sé que pudiendo tantas cosas eso es algo que no puedo.
Sé que seguirá pasando el tiempo en su inminente embestida, que no habrá nada que pueda hacer más que intentar enriquecerme en el dolor, recordar con cariño, besar sus cosas para no dejarla jamás escaparse de mi alma y en un rincón sumergida en lo más profundo de mi pena me sentaré a pensar en ella el día en que no volveré a sonreír.

viernes, noviembre 24, 2006

Hoy puedo... (24 de Noviembre)

(Campos de Amapolas, Shirley Novack)

Hoy puedo marcharme hasta el reino de las totalidades para dejar mi poesía en la lluvia, en el tejado de todas las nostalgias, más allá de las piedras que guardan la roja memoria de la vida, en las vasijas de miel cosechada, en los caminos agrietados de la tristeza, en las harinas celestes de los molinos, en el viento que dispersa el trigo y las mareas, en el vino sombrío y dulce de secretas tabernas, en el perseverante sonido del corazón que ama, en los bordes de la oscuridad antes del relámpago y la alegría...

Hoy puedo dejar que mis versos fluyan, que sigan convertidos por siempre en canciones sedantes, en sonetos, en églogas, en elegías y desborden caminos y montes escarpados, reconociendo el río sangriento que siempre ha de ser la palabra escrita y amarte cantando y contando las historias que llevo tanto tiempo diciendote al oído.

Hoy puedo construir puentes, soles, barbas con plumas de colibríes y pensamientos. El punto aparte es la constelación de todas las maravillas. El trigo no sólo sirve para el pan, sino también para sembrarlo en el corazón, en las cerraduras y las campanas. Puedo gritar poemas en mil idiomas que nadie podrá traducir, porque son nuestros más hermosos secretos. Podemos ir al pasado vestidos de arlequines. En la punta de la luna dejamos nuestro amor como una bandera de rutilantes colores.

Hoy puedo tanto como nunca antes he podido, puedo escribir desde mi tiempo felíz y cansado, desde mi aparente distancia, desde mis mundos creados y las certezas más deliciosas que me besan cada día, puedo dar gracias a mis amigos de siempre, a los de antes, a los de ahora, a las musas, a los hados de mis caminos incesantes y cantar en coplas el canto y el cuento de esta vida de mil torbellinos de colores.

Hoy puedo dar gracias por cumplir un año más.

lunes, noviembre 20, 2006

Del Gabo y otros Demonios

Con nadie más, no me ha pasado nunca con nadie más.
Esa sensación de que lo pude haber escrito yo, que cada línea de cada uno de sus relatos la pude haber pensado antes, que me habla como mirándome a los ojos, como reconociéndome, como si no fuese más que parte suya y él de algún modo parte mía.

En tercero medio me hicieron leer por primera vez los Cien años y me desconsoló tan solo mirar la cantidad de hojas, sin embargo, el instantáneo sortilegio de las calles de Macondo trayéndome aromas conocidos e instantes de infinita magia no tardó en envolverme, en transmitirme el temblor de su temperamento oceánico.

Entonces supe que yo también podría escribir, que nada es más fácil que dejarse encantar por los hechos, por las historias imaginadas o reales y dejarse llevar por los más mágicos laberintos del tiempo y la nostalgia, que todo eso servía, que no más faltaba algo de tiempo y esa dosis de pasión que todo lo consigue, que mantiene los ímpetus en sus más altos voltajes, fue cuando García Márquez tomó el tutelaje de mis demonios y me llevó de la mano por los más intrincados pasadizos del asombro.

Me decepciona en parte haber leído su obra completa y haberle pisado los talones pues mi velocidad para leerle es infinitamente mayor que la de él para escribir, como es lógico, aún así, me llena de alegría el haberlo hecho, haberle ganado al tiempo y haberme llenado a estas alturas de mi vida de todo su ámbito alucinante.
Ojalá no muriera jamás, no al menos antes de conocerle, de darle la mano, de confundirme en los crepúsculos fragorosos de las tardes del caribe contados y descritos por sus propios labios, aunque sé que es tan difícil.

Pero me conformo Gabo con que aún existas y seguirás existiendo en tu obra para contarme la historia de tu pueblo sumido en la hojarasca humeante de la más prodigiosa de las centurias, el cuento de los pequeños ahogados en la magia de la luz , o de la bella cuyo sueño contemplaste para sentir muy dentro que la decrepitud de la vejez puede vencerse ante la preciosidad violenta y serena del erotismo antes de la muerte.
Seguirás contándome por siempre tus historias de funerales grandiosos, de abuelas desalmadas, de náufragos, secuestros y muertes anunciadas y el débil llanto del amor pervertido y desconsolado que se tiñó de lágrimas en las celdas de un claustro donde convergieron todos los demonios.

Maestro, eso siento que ha sido, y a muchos puede no gustarle y lo entiendo, sin embargo irremediablemente cada vez que termino estremecida alguno de sus libros quedo con una tremenda sed , con esa sed volcánica de mundos todavía no contados, de historias a las que pude haber pertenecido, de relatos mágicos y cifrados en versos, con una sed conmovida y sedada por tantas tribulaciones capituladas por uno de los más maravillosos genios de nuestro tiempo, con esa sed deseperante de más Gabriel García Márquez.

jueves, noviembre 16, 2006

Clap, clap, clap,

"Quedamos los que puedan sonreír en medio de la muerte en plena luz..."

Es bueno CLAP.
Club de literatos asesinos y pornográficos.
Al principio no le tenía mucha fe pero se ha vuelto un blog tremendamente interesante.
Y no es porque la administradora del blog sea una de mis más
cercanas secuaces sino porque de verdad me tiene asombrada la capacidad comunicativa que ha alcanzado el bloggeo y el desparpajo de las nuevas generaciones de bloggers.
Y digo Nuevas porque todo esto avanza tan rápido que ya muchos han quedado en el camino o las motivaciones iniciales han ido tranformándose. Y ahora los de antes ya somos los viejos.
Cuando el fenómeno surgió no era difícil dividirlos en: Diarios de Vida o con ambiciones literarias, muchos lo abrieron para espantar soledades (encontraron amores y se marcharon) otros para encontrarse a sí mismos (que de tanto buscarse también sucumbieron), otros para mantener su altísimo ego siempre elevado a costa de amigos virtuales (y de paso contrarrestar sus inseguridades), otros por moda, en fin, también varios de mis amigos queridos han quedado en el camino y sus blogs paralizados en algún punto sin retorno del tiempo y el espacio.
Hoy en día de los viejos cracks vamos quedando pocos. Y de los valiosos todavía menos.
Pero me asombra esta nueva camada, crítica e informada, bestial y literaria, culta y dolorosa.
Cuando armaron CLAP no les di más de un mes de vida (como varios de sus fundadores), su amenaza primera fue acabar con todos aquellos blogs de melosa poesía (me dio susto, lo reconozco) o pseudo literatos. En el camino descubrieron su verdadera veta y su objetivo principal mutó en una muy interesante creación colectiva.
Se trata de un grupo de aficionados a las letras, mordaces, cargados de azucaradas ironías y tremendamente informados. Ya no aspiran a despedazar a nadie sino a ser un aporte desde sus trincheras.
Cada post (así como los de cada uno en sus respectivos blogs) trae el germen de las nuevas ideas, de las recomendaciones acertadas, de las nuevas generaciones de escritores audaces y medio malditos. Han captado mi atención. Los leo y los sigo.
No aspiro a convertirme en una Clap pero, chicos, al menos saben que por estos bosques de melosas intenciones tienen una admiradora que los aplaude.

lunes, noviembre 13, 2006

Avatar...


Me despedí de ese blog y no me da ni pena. Bueno, no tanto.
Lo cerré porque no tenía más nada que decir.
O tal vez no quería decir allí nada más.
Porque la tregua con la poesía fue quizá el exorcismo de un año contenido, de placeres culpables, de juegos inventados, de encuentros y desencuentros, de egos puestos a prueba, de un autoconocimiento constante y que al fin ha dado frutos, puesto que he llegado a saber lo que soy capaz de hacer y de escribir y lo que soy capaz de hacer de hacer por escribir.
Lo cerré porque alcancé la deseada libertad en el ensueño de volar y llegué a tocar la luna casi con el solo roce de mis dedos.
Quise probar que podía hacerlo y lo hice.
Pero todo en exceso puede constituir un vicio y puesto que no estoy por el vicio es que me detuve. Y me siento conforme con lo que alcancé.
No me da pena porque si he de escribir poesía lo seguiré haciendo. Aquí, allí o más allá, quién sabe, hoy en día el mundo es tan extenso y lo seguirá siendo.
A los que lo conocieron les agradezco el cariño y las visitas.
Si he de regresar o no allí es algo que todavía no lo sé, también apremia un poco el tiempo, la cantidad de trabajo, la finalización del año que como cada ciclo culmina sobrecargado de actividades.
Estoy cansada, cansada y con poco tiempo, La Casa del Castor es mi reducto, mi hogar, mi consuelo, tal vez no pueda expresar acá todos mis intensos torbellinos, pero sin duda alguna me procura una paz que me costó alcanzar, ya no me agobia ni me desespera, ya no busco temas para postear interesante ni métodos, ni artificios para llamar la atención.
Acá he logrado sembrar flores donde me puedo recostar en intensa paz, verdaderos campos de amapolas en los que puedo sumirme en sueños profundos con la convicción absoluta que podré despertar en mejor estado.
No me da pena haber culminado un ciclo porque siempre he sabido quién soy y me encanta saber que voy a seguir siéndolo, porque adoro saberme y sentirme amada acá en la vida real, donde el amor es cierto, donde los besos son reales y se dan cada día y cada mañana, donde mi Shimoda maravilloso puede enredar en sus dedos mis cabellos y besarme una a una las pecas cada mañana y decirme así mirándome a los ojos, que cada día estoy más bella, que me ama como el primer día y que nada quisiera más en este mundo que volviésemos a tener un bebito entre los brazos.
Tener un blog sirve para conocer mucha, muchísima gente pero también sirve para confundir los afectos, lamento decir que también me sucedió, lamento decir que de los cientos de amigos que he conocido tan solo puedo rescatar a un par de buenos amigos cuyas letras admiro y a dos grandes secuaces con las que logramos sostenernos, querernos y continuar dándole duro a la vida más allá de las distancias (Si, caracolas, a ustedes me refiero)
Certezas, esa es mi reflexión final, nada importa más que las certezas, que lo verdadero al fin y al cabo no es tan invisible a los ojos puesto que por los ojos vemos las transparencias de las miradas, los cariños ciertos, las confianzas ganadas, el absoluto placer de amar de verdad en la vida real, que las vidas de papel no son más que la perfecta ilusión de lo que nunca seremos ni tendremos.
Acá estoy y estaré siempre, en el avatar de mis intensidades, en mi poesía descontrolada y en la crónica de mis días, de muchos de mis mejores días en La Casa del castor.