miércoles, mayo 16, 2007

Hijo de la luna


Ayer esperé la micro mucho rato, mucho, demasiado, tanto que me pasé de frío como dicen las viejas y me entumí tanto que me tomó mucho trabajo recobrar la temperatura al llegar a casa.
(Odio el Transantiago, pero ese no es el motivo de este post y además no me quiero empezar a descomponer el genio), hasta un poco de fiebre me dio así que apenas llegue cerca de las 8 me metí a la cama con la estufa prendida y una sonrisa grande en la cara porque tenía un juego nuevo para compartir con el Gonza.
Había pasado varios días mirando graffittis en el recorrido de cada día de ida y vuelta a casa y hay algunos tan ingeniosos que merecen ser recordados y anotados.
Como el recorrido es largo siempre me entretengo en cualquier cosa, contando perros, poniéndole nota a los hombres, pensando a qué animal se parece cada persona que se sube a la micro, a veces (las más) también leo, casi siempre ando escribiendo y tomando notas de cualquier ocurrencia, pero hace ya algún tiempo que me había dedicado al ejercicio de anotar graffittis y la dirección donde se encontraban.
Para qué. Que tontera.
Yo me río, cualquier mortal serio supongo que se espantará de estas tonteras, yo me río.
Y me río porque sé que puedo compartirlas con el Gonza. Siempre con el Gonza y solo con el Gonza.
Ayer en medio de mi hielo él llegó casi como cada día a mi casa del castor (la mía, la de verdad), y yo no sé si casi por milagro o por que ya había entrado en calor todo se volvió tibio, salté de la cama y comencé a sentirme de nuevo muy bien.
El Gonza es como un solcito en mi vida, es mi hermano menor, él dice que es un Tonto grave pero yo creo que no tiene nada ni de lo uno ni menos de lo otro.
Cuando él vino al mundo fue como si toda la vida se pusiera de colores diferentes, como en los cuentos, cuando las flores crecen a gran velocidad a la vista de todos y la olla que está al final del arcoiris de verdad existiera y sus monedas fuesen de verdad muy brillantes.
Yo tenía 11 años cuando él nació y muchas muchas ganas de tener un hermanito.
Y aparece en mi casa, como si nada, aparece como aparecen los ángeles, o como dicen que se aparecen los ángeles, así como bajando de una luz, y los ojos le brillan atrás de sus lentes y la risa se me sale sola.
Aparece cuando me duele la espalda y me tira al suelo y me hace sonar entera y me alivia o me hace unos masajes que hasta ganas de llorar me dan.
Aparece cuando tengo frío y me prepara un té y me cuenta mil tonteras que siempre me hacen reír.
Aparece y se me va la fiebre y el frío y la pena y los dolores y todo gira en torno a la risa, a las bromas, a los juegos tontos.
Como anoche, por ejemplo que se le ocurrió un juego:
"Todos los caminos conducen a Brad Pitt", lo bautizamos.
Y consistía en pensar un actor.
Tom Hanks, por ejemplo.
Ok, Tom Hanks actuó con Michael Clarke Duncan en Milagros Inesperados
Michael Clarke Duncan actuó com Mark Wahlberg en El planeta de los simios
Mark Wahlberg actuó con Matt Damon en Los Infiltrados
Y Matt Damon actuó en La Gran estafa con ¡Brad Pitt!
Y así por muchas horas hasta cansarnos y convencernos que efectivamente todos los caminos conducen a Brad Pitt (o a quien sea, en rigor, uno inventa a su gusto)
Son tonteras, tonteras dulces e instantes que al fin de los días pesan en el recuento de los detalles y las alegrías.
Yo no sé si todo el mundo tenga su propio Tontograve que le llene el corazón, sea quien sea y venga de donde venga, el mío al menos, siempre está cerca y casi siempre para compartirme la magia, la suya, la mía, que gracias a Dios al menos uno de mis 4 hermanos salió con esa dosis de locura mía. Un tontograve venido directo del cielo, colmado de sueños, nacido de la luna para contarme que la vida es dulce cuando podemos reirnos de tantas tonteras, tonteras que hablan de risas, de graffittis callejeros (Gonza...dime... En qué pared dice:.....) y otra vez nos matamos de la risa), del intercambio de los sabores cotidianos, esos que llenan momentos y quedarán grabados con luz de ángel, con ojos de Brad Pitt, con lentes de Tontograve, a fuego y carcajadas para siempre en la memoria de mi corazón.

miércoles, mayo 09, 2007

Affascinato delle Parole


Admito que no es una idea original, pero cuando he leído escritos sobre la fascinación por algunas palabras es inevitable que me eleve como en sueños hasta sucumbir en las fauces del abecedario completo, entonces me danzan en la memoria palabras, palabras miles, palabras que me suenan a música, a arpegios, a golpeteo de cristales, a polvo de estrellas y hacen ronda en los oídos endulzando su significancia y extendiéndose como enredaderas por los recovecos de mis memorias y mis nostalgias.
Sucede que a veces una sola palabra reviste un encanto tal por sí sola que el solo hecho de pronunciarla trae consigo la definición mágica de su concepto.

Arpegios,por ejemplo, suena dulce y cantarino como las gotas del agua cantadas en fados y bossanovas.

Taberna encierra el misterio de catacumbas sonoras, de sabores guardados en barriles añosos, de encuentros entre tabaco y vinos añejos, me trae el recuerdo de conversaciones entre el cantar de un jazz o un bolero.

Carlinga me sabe a batir de alas, de alas delgadas, de vuelos metálicos sobre prados de trigo con el sol brillando en el parabrisas del piloto que solo sabe ser poeta mientras está en el cielo.

Escafandra es femenino, su sonido me habla de aventuras oscuras en mares de piratas y corsarios, me sabe a regiones remotas, a fondos marinos, a sal, viento y agua.

Daguerrotipo tiene el aroma del sepia, su sola pronunciación huele a instantes muy lejanos, a hojas de liquidambar, a calles otoñales, a señores almidonados, a vidrio ahumado.

Astrolabio me gusta desde siempre, no sé porque tiene para mi un sabor a vidrio, a delicado, mucho antes de saber lo que era la fascinación por esta palabra me remontaba a tiempos ancestrales, a vestidos vaporosos y navíos perdidos en la profundidad de la noche, es una de las palabras más bellas que conozco.

Cabaret tiene también un aroma a Taberna, a tablas viejas, a arte, a mundo bohemio, a luces y tabaco.

Pappardella es canto mítico de calles adoquinadas de continentes lejanos, sabe a spaguettis en salsa abundante, a carnavales de máscaras y saltimbanquis coloridos, Pappardella me sabe a romanza, a poesía, a colinas verdes y prados cubiertos de flores y cercos blancos...

Podría seguir así largamente con mil palabras, en el ensueño de su fascinación... Batiscafo, ciénaga, sagitario, fascinante, travesía, acuarela, mentecato, sucumbir, artilugio, conjuro... y así, casi sin fin, no solo porque sea una amante de la palabra escrita sino también porque creo en el poder de sortilegio de aquellas letras confabuladas en deliciosa danza al compás de todos los sentidos.

lunes, mayo 07, 2007

Obsesiones



Si me atrevo a tocar este tema es porque estoy cansada, harta, casi superada.
En esto de escribir se corre el riesgo de que cualquier insano mental haga suya las letras y acose, persiga y ahogue invadiendo el espacio de cada cual y la libertad de expresarse.
En todo este tiempo en el ámbito blog siento que he pasado por muchas etapas siendo la actual una de las más tranquilas en lo que a expresarse se refiere.
He intentado ser clara con mis amigos y a quienes han entrado en confusiones he intentado tambien hacerles ver mis condiciones.

Escribo, escribo por pasión, escribo desde que tengo uso de razón, escribo para respirar en las letras, para comprometer la vida en la palabra, para confiar en mis etapas. Escribo desde siempre y pretendo seguir haciéndolo.
Mis amigos, los que me leen y me han conocido me aprecian en cada debilidad y en cada fortaleza y en esa misma lógica es que respetan también mi libertad.

Con los obsesivos he intantado ser clara, rayar la cancha y delimitar mis fronteras, a veces desde el silencio y otras desde la claridad de las palabras.
A los obsesivos no se les puede escribir entrelíneas, no entienden o entienden todo tergiversado.
Los obsesivos creen que cada cosa que uno dice la dice pensando en ellos y transforman su vida, dejan de lado su vida real y el eje de su felicidad es su obsesión.
Están perdidos. Hay veces en que rayan en la sicopatía.

No tengo nada contra los homosexuales (o bisexuales o lo que sean),
el problema es que creen que todos lo somos o podríamos llegar a serlo.

No tengo nada contra los amores inventados,
el problema es cuando se convencen que son reales.

No tengo nada contra amar intensamente,
el problema son las obsesiones.

No tengo nada contra las fantasías,
el problema lo tengo con la paranoia.

Podrán deducir de que se trata todo ésto, es un intento más por ser clara.
Si me he atrevido a hablar este tema (que no quería) hoy acá es porque pese a todos mis esfuerzos por ser clara sigo siendo objeto de una obsesión que me sofoca.

Sicopatía, obsesiones, paranoias, inseguridades, falta de amor real... vaya uno a saber, lo cierto es que es duro ser el blanco de sus falencias y el objeto de deseo de una persona emocionalmente débil.
¿Entrelíneas?
Espero que ésta vez te queden más que claras.

miércoles, mayo 02, 2007

To Cry


No soy buena para llorar, al contrario de muchas mujeres.
Es más, casi no recuerdo la última vez que lloré (sin contar la tarde del Domingo), creo que fue en el cine cuando vi Babel y mataron a balazos al negrito marroquí.
No soy buena para llorar principalmente porque creo que tengo un buen dominio de las emociones, controlo mis impulsos y no caigo fácilmente en la ira o la tristeza desconsolada.

Sin embargo la naturaleza sabia, que conoce el curso de sus ríos, de vez en cuando pide abrirse paso y ella sabe cuánto uno junta, cuánto se acumula, pequeñas angustias, desilusiones menores, decisiones de vida, confabulación de instantes, miles de momentos de grandes o pequeñas emociones y entonces el caudal se abre paso y el pecho estalla en dulce llanto, en gratificantes lágrimas de nada, de todo.

Si no lloro con frecuencia ha de ser porque tampoco tengo grandes cosas por las que llorar, pero cuando se han pasado casi dos años sin hacerlo es gratificante y limpio.
Y lloré, lloré al fin como hace mil años no lo hacía, lloré porque el dolor en la espalda se estaba volviendo insostenible y la verdad no me había dado cuenta que lo que me pesaba era ésa mochila, lloré para sentir paz, lloré para tener certezas, lloré para aliviarme.

Llorar, llorar en unos brazos consoladores, en un pecho de hombre sostenedor de tantos instantes compartidos, llorar mientras te besan las lágrimas, mientras te miran con ternura, llorar sacando todo afuera, lo mucho, lo poco, cada vestigio, llorar remontándose al vientre donde todo era impermeable, donde nada podía corrompernos.
Llorar en su abrazo dulce y comprensivo para decirme al fin mientras me secaba el llanto:
"Todo va a estar bien"
Entonces llorar fue dulce y el mejor de los remedios.
"Deja esa decisión en manos de Dios - me dijo el Luchito Marchant- ya la has meditado mucho, has puesto mil cosas sobre la balanza, has pedido cientos de opiniones, te has preparado y te angustia, te oprime el pecho, descansa al fin de todo eso. Déjalo en sus manos, es más fácil de lo que crees."
Es sencillo decidir entre lo bueno y lo malo, lo difícil es decidir entre lo bueno y lo mejor y hoy ( y ya lo sabrán mis cercanos), hoy no estoy en paz, por tanto le dejo mi mochila, para que me la cargue un tramo, para que decida por mi y desde que decidí hacerlo me siento un poco más en paz porque pase lo que pase será siempre bueno.
¿Cuál es el problema ? me han dicho muchos... pues los años amigo, los años pasan y es momento de decisiones y bien. Estoy preparada.
Apunto a mi horizonte y lanzo mi flecha, estoy segura una vez más que voy a dar en el blanco.

miércoles, abril 25, 2007

Cuando yo era buena


Anoche vi una de esas tontas películas en que un niño desea ser grande y despierta siéndolo.
Y se encuentra en un mundo de adultos donde todo el éxito tiene que ver en parte con la corrupción y el engaño y a pesar de que en un principio se desilusiona, termina por contagiar de su magia e inocencia a todos los que le rodean en su nueva condición de adulto.
Sin embargo y a pesar de adaptarse y hacerse un lugar él quiere volver, retornar, siempre quiere volver a ser quien era y como al fin y al cabo no es más que una tonta película como tantas logra al fin revertir el hechizo y regresa a ser el niño que era en su inocencia y su ingenuidad.

Y nada, la película termina con una canción pegajosa y dulce y una sensación a malvavisco queda flotando en el alma tratando de pelearse con esa otra sensación, la del sabor menos dulce de saberse un adulto que se ha abierto paso en el mundo y que ha dejado atrás, muy atrás el niño que fue, un adulto que quizá tiene ya todos los vicios de los que quisiera salvarse y por más que frote una lámpara o se encierre en el closet con los ojos cerrados o derrame unos polvillos mágicos sobre su cabeza y duerma repitiendo que quiere volver a ser niño jamás regresará nunca a esa condición.

No pretendo que nadie me hable del camino recorrido y los pasos que hemos dado para ser lo que somos, tan solo intento penetrar la mirada de ojazos grandes que tenía a los tres años, a los cuatro, a los diez y ver qué tanto había dentro de lo que ahora tengo, qué tanto queda de lo que antes fui... tal vez algunas ideas sobre el mundo y las personas, tal vez unos cuentos viejos que todavía atesoro, tal vez nunca fui tan inocente o el mundo nunca llegó a ser tan malo y al mirarme de nuevo al espejo me sigo viendo la misma, tal cual... eso quisiera pensar.

Supongo que no sirve preguntarse desde cuando empezamos a ser egoístas o ambiciosos, cuándo fue el día en que comenzamos a mentir o a dejarnos sucumbir a tantas tentaciones, cuándo fue la primera vez que deseé que alguien desapareciera de este mundo...
Y ahora, a pesar de que sé que jamás volveré a tener esa mirada intento e intentaré en lo que me quede de tiempo recordarla incesantemente no solo para aferrarme al recuerdo sino para amarrarme a la certeza de que en el fondo seguimos siendo lo que fuimos y que en esencia nada nunca nos podrá jamás cambiar.

lunes, abril 23, 2007

Santiago en 100 Palabras



Me publicaron y estoy felíz.
Nunca pensé, en vista que llegan miles de participantes, pero ahí estaba, en la página 75 y casi llegué al techo del salto que pegué porque nadie nunca me avisó.
No gané ningún lugar pero estar entre los 100 mejores me deja de verdad muy felíz.
El mío no es mejor cuento que muchos, nació de un hecho puntual que viví en una estación de Metro hace ya bastante tiempo y como rayo de luz se me ocurrió transcribirlo. En ese minuto lo escribí como post en La Casa del Castor
Para el concurso lo adapté a microcuento y lo mandé.
Me publicaron en la edición de este año:
"Santiago en 100 palabras: Los 100 mejores cuentos"

Estoy muy contenta, sin embargo, lo que me pone más felíz es saber que en tantos rincones de esta ciudad la pluma vibra, la poesía fluye y los contadores de cuentos se multiplican en milagrosa avalancha para contarse historias al oído, para desencadenar la magia, para enaltecer el arte y conseguir sin más recurso que el noble poder de la palabra al fin y al cabo tan solo comunicarse .
Aquí se los comparto:
"Cristo en el Metro"

Vi a Cristo en el Metro, es lindo y de mirada celeste.
Tiene el pelo largo y rubio. Miraba los avisos del carro como mirando las estrellas. Seguramente nadie se dio cuenta que era él. Solo yo.
Nadie lo mirtaba. Solo yo. Nadie tiene idea que anda dando vueltas por las estaciones del Metro y que para camuflarse usa una mochila verde y un beatle rojo.
Y que va a la Universidad, seguramente a la Usah porque ahí se bajó.
Cuando se fue me cerró un ojo.
Seguramente me tiró una bendición"

lunes, abril 16, 2007

La Esencia de la Creatividad


Jean Baptiste Grenouille poseía el talento del olfato.
Tenía la facultad de percibir todos los aromas del mundo y apoderarse de ellos de tal modo que fuese capaz aún con los ojos cerrados de hacerlos transitar por todo su cuerpo y así, fragmento a fragmento separarlos uno a uno para disfrutarlos en su esencia más primitiva hasta lograr el éxtasis absoluto del disfrute alevoso del más dulce de los placeres a los que puede acceder un ser humano... las esencias, que no son otra cosa que el alma de cada cual.

Sin embargo, aunque podría haberse quedado en el instinto remoto de regocijarse en las fragancias quiso descubrir el sentido de su talento y en la aplicación de todos los instrumentos para sacarle al fin a su inusual don algún provecho.
De este modo determinó que era el único hombre en el mundo capaz de crear la perfección:

Un perfume.

No un perfume cualquiera sino la combinación de los aromas más puros y exquisitos de toda la faz de la tierra...
Para eso se instruyó en las artes de la perfumería, se educó en los conocimientos más acabados de la destilación, se aplicó con determinación hasta estar seguro de poseer todas las herramientas que harían de él un maestro.
Y lo consiguió.
Y el producto de su creación resultó ser la esencia por excelencia, el aroma de los ángeles, la fragancia que nos han negado todos los dioses y que al más tenue de los contactos con el olfato es capaz de elevarnos hasta una condición etérea, mecernos al viento, regalarnos la magia, la brisa, el perdón, el éxtasis ... la gloria.

No es la historia del asesino la que me conmueve, ni la del París inmundo y atrapante en su decadencia en el que transitan los hechos... lo que me conmueve hasta el sollozo es la capacidad de reconocer aquel don escondido y menospreciado que podemos estar gestando en nuestro interior y que no somos capaces de ver, de exaltar, de examinar en todas sus fases.
Lo que me conmueve es cuando se confabula el universo entero en torno a la magia noble de ensalzar aquello para lo que hemos nacido.
Entonces el sentido de la vida se quita todos sus velos y aparece frente a nosotros en toda su magnificencia, como si siempre hubiese estado allí, frente a nuestros ojos dispuesto a ser admirado, contemplado y enaltecido, dispuesto a ser devorado con nuestra existencia terrenal y puesto en marcha.

Crear, crear en toda su magnitud, descifrar nuestros códigos más secretos, desmenuzar todo el potencial puesto en nuestras manos, en nuestros sentidos, en cada célula de nuestra piel y dejarlo ser, entretejerse, salir a flote.
Nuestra capacidad creadora es infinita, mágica, intransable, intransferible.
Sea cual se a nuestro talento nuestra misión es ser capaces de reconocerlo y dejarlo batir sus alas para ser gestores y creadores aunque nos cueste la muerte de aquel fruto de nuestra creación que nos llevará a la cumbre de todos los poderes:
El mejor de nuestros perfumes.

martes, abril 10, 2007

Repartiendo Magia

"En el mismo instante, en un restaurante cerca del Moulin de la Gallette, el viento se colaba como por arte de magia bajo un mantel haciendo bailar las copas sin que nadie lo viera..."



A veces siento que hay personas que han nacido con el corazón más grande.
No digo bueno ni mejor, digo grande.
Grande casi literalmente, grande con esa capacidad de ser felices solo asistiendo al milagro de la felicidad de otros.

Grande con más amor para dar del que legalmente les está permitido entregar, eso quiere decir, trascendiendo familia, amistades, parentelas... amor rebosante y verdadero cruzando fronteras y razas, grande abarcando terrenos grandes.
Como los misioneros en tierras inhóspitas, por ejemplo, como los santos (quizá).

A veces siento que el amor que hay dentro del pecho es infinitamente mayor que el que estamos condenados a dar por opción o por papeles.
A veces siento que estoy parada al borde de un acantilado con la certeza absoluta que si doy un solo paso más seré capaz de volar.
Un momento de mi vida en el que soy capaz de todo y en el que el corazón ya no me cabe dentro del pecho, que puedo amar a mil por hora sin importar nada más, por el solo y simple ejercicio de amar, tan solo porque creo que amar es bueno para el alma.

Hace unos días vi Amelie por primera vez.
Fue como asistir al prodigio de una criatura adorable cuyo solo y simple sueño consistía en intervenir estratégicamente en la vida de los demás con el fin de hacerles la vida más amable y feliz.
Amélie, una estratega de la magia (en un Paris que si ya es bellísimo, en esta historia roza lo mítico), que se inventó juegos en las nubes, que lanzó por satisfacción piedras al Sena, que observó a la gente y dejó volar su imaginación me habló del lugar en el que me gusta estar, el mundo entero como un solo torbellino de magia insuflada a los pulmones.

Hay muchos que creen que no se puede, pero se puede.

Es cosa de detenerse y observar, de hacer el ejercicio de escucharse el propio corazón, tan atentamente y en tanto silencio que el bombeo llegue a inundarnos por completo y todo nuestro cuerpo sea un solo latir, un solo sonar de tambores, hasta sentir como el corazón crece y crece de tal modo que se logra amar a una furia y a una velocidad indescriptibles.
Entonces se engarzan prodigiosamente el gusto de reconocernos humanos contradictorios e imperfectos pero conocedores de todos los secretos de la vida y el poder absoluto de hacer crecer el corazón a voluntad para destinarlo al solo placer de repartir magia.
¡Qué sería de nosotros sin las nubes!

Parece una locura.
pero se puede.
Estoy segura que se puede.

lunes, abril 09, 2007

Libertad

Cuando uno escribe es inevitable pensar en los ojos que le seguirán con atención.
Y en esa lógica es tremendamente difícil escribir en libertad.
A veces uno escribe para si mismo, se deja envolver por la magia del día, el estado del tiempo, el clima, los ánimos y entonces las letras florecen como testimonio auténtico del pasar de los días.
En otras ocasiones, al pensar en los ojos tras la pantalla y lo que ellos provocan se lanzan misiles teledirigidos con la sola intencion de llegar directamente a un blanco.

Sin embargo no hay valor más dulce y sonoro que el ejercicio de escribir en libertad, en la libertad de crear sin pensar en mas allá, sin sentirse atado, perseguido, acosado, juzgado, malinterpretado...
Escribir, escribirlo todo, que don tan maravilloso, soltarse las amarras, volar sin tajamares de racionalización, sin ataduras, sin esperar reacciones ni aventurar respuestas...volar al escribir, escribir al volar, hacer volar techumbres, barajas, sombreros, relojes con las alas extendidas como arcoiris embriagados en luces.

Tan solo destellos.
Letras que se atropellan, que van y vienen, poesía que se ahoga y se contiene en la garganta, que más da que haya mil ojos tras esta pantalla cuando el punto aparte no es más que la constelación de todas las maravillas.
Solo escribiendo en libertad podemos gritar en todos los idiomas vestidos de rutilantes arlequines.

No volveré a sentirme con las manos atadas ni con mil ojos siguiendo la huella de mis pasos, que más da, si es el silencio al fin el que resguarda y fiscaliza nuestra libertad.
Tan solo destellos que pueden apagarse un día y reinventarse al otro, nacer y morir en una página de bosque para resucitar quizá nunca quizá siempre en alguna vieja taberna donde solo convergen los amigos.
El día a día se teje entre sueños y en la punta de la luna podré clavar mi amor entero como una bandera de rutilantes colores y donde me pondré en el andar de cada día la armadura que proteja al escribir mi tan ansiada libertad.

jueves, abril 05, 2007

Se ha ido

Lo visité un par de veces, me gustaba su foto porque lucía guapo.
Era de esos bloggers que te los encuentras en varias partes y nunca visitas, pero recuerdas su nombre, su avatar y hasta el nombre de su blog.
Ayer estuve con mi querida Hetsah (de Colombia) y me contó.
"Se nos fue un blogger, falleció este Domingo, yo le quería entrañablemente"
Entonces sus ojos se llenaron de lágrimas y yo no pude sino contener la voz, me traspasó en el dolor y no solo porque se apaga una luz tan joven en este mundo sino por la constatción dolorosa del cariño real que se genera en este universo.

Se ha ido Hugo y su página sigue y seguirá estando ahí, abierta, online, recibiendo comentarios quien sabe si para siempre.
Llevo casi dos años en la blogósfera y he tenido la oportunidad de conocer tanta gente, tantos amigos, tantos conocidos y otros tantos cuyas letras sigo aún en el silencio, somos parte de sus vidas y han llegado a ser parte de las nuestras.

He sido testigo de romances fugaces y otros tantos más duraderos, he visto en el transcurso de este tiempo nacer varios cachorros Blogger... Amandita (de la Pancha), Máximo (de Marcylor y Esteban), Vicente (de la Eterna Despistada), he visto blogs que han muerto y han resucitado, otros que se han ido para siempre, grandes amigos, avatares de la vida que va y viene, peleas furiosas y amores porfiados que no cesan, que no callan y no paran.
He visto la vida misma en una amplitud grande, abierta, me ha gustado, claro que sí, ya a estas alturas más que una moda, escribir es parte de la vida.

Hoy estoy triste, en varias ocasiones imaginé cómo sería cuando uno de nosotros partiera para siempre, su espacio detenido, el recuerdo intacto, sus letras abiertas a todos, como un regalo, como una parte suya que nunca, jamás se irá.
Un abrazo a la lejana distancia querido Hugo, en la más cierta de las cercanías, porque si algo lindo nos dejaste es tu presencia entre nosotros para siempre.